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Sólo el Socialismo puede acabar con las guerras de rapiña ¡No a la guerra imperialista!

La existencia de la Unión Soviética no sólo frenó múltiples agresiones imperialistas sino que proporcionó ingente ayuda a los pueblos del mundo para que combatiesen al imperialismo.

Tras el derrumbe de la URSS se ha podido comprobar, todavía de manera más descarnada, más criminal, la esencia del imperialismo y de sus bandidos dirigentes políticos, que no es otra que la vista en los últimos 22 años con las dos guerras de Iraq y Afganistán, Yugoslavia, Sudán, Somalia, Mali o en estos momentos Siria, por no hablar de los apoyos para desestabilizar naciones, imponer gobiernos títeres de canallas que favorecen los intereses de los monopolios y el expolio imperialista, o de violentar todo tipo de derecho humano cometiendo toda clase de tortura con la aquiescencia de estados como el español, creando campos de concentración o haciendo terrorismo de estado, asesinando a millones de mujeres, ancianos y niños.

Hoy la potencia más asesina de la Historia, los EEUU, y sus sanguinarios aliados europeos, así como sus medios de comunicación de masas, están en plena campaña de justificación para intervenir directamente y masacrar, todavía más, al pueblo sirio ante el fracaso de las acciones militares perpetradas por los mal llamados ‘rebeldes’, pues no son más que mercenarios a sueldo de los imperialistas que persiguen derrocar al gobierno de Al-Assad.

Con todo el cinismo del mundo, los títeres políticos de los estados capitalistas, sicarios de los monopolios, justifican la necesidad de la guerra para ‘que penetre la democracia’ en dichas naciones, que según ellos están dominadas por ‘ogros autoritarios’, con objeto de acabar con dichos ‘regímenes terroristas y totalitarios’, cuando en realidad los únicos terroristas y asesinos son las potencias imperialistas, encabezadas por los EEUU. En el caso de Siria la justificación de EEUU y sus aliados es, ahora, el empleo de armas biológicas por parte del Estado sirio. Hecho éste cuanto menos controvertido, y dudoso, pues son cada vez más las voces que señalan que el ataque biológico ha sido realizado por los mercenarios que tienen los EEUU y la Unión Europea en Siria, máxime cuando estos mercenarios han sido adiestrados en el manejo de las armas químicas por los EEUU, al igual que han sido armados por éstos con este tipo de armamento. De hecho, tanto la Dirección General de Seguridad de Turquía como una Comisión Independiente de la ONU aseguraron en mayo de este mismo año que los ‘rebeldes’ poseían armas químicas, en concreto gas sarín.

Pero para comprender lo que está aconteciendo en el mundo debemos analizar la situación acudiendo a los fenómenos económicos, primero, y políticos después que llevan a esta situación. Es un error mayúsculo fijarse en Siria y no comprobar que lo que acaece en dicho país está intrínsecamente relacionado y enlazado con lo que viene pasando en dicha zona en las últimas décadas, siendo consecuencia de la pugna imperialista por el control del petróleo, el gas y demás recursos naturales de esa parte del planeta, así como por su control geopolítico para distribuir dichos recursos.

Oriente Medio concentra prácticamente la mitad de las reservas de petróleo del mundo, concretamente el 48,1%, y el 38,1% de las reservas de gas natural. Entre Oriente Medio y la antigua URSS se reparten el 74% de las reservas de gas natural y entre América Latina y Oriente Medio se reparten el 68% de las reservas de petróleo. Así mismo, según el Servicio Geológico de los EEUU (USGS) el petróleo “no descubierto” – el que todavía no ha sido demostrado por las barrenas pero del que presume su existencia gracias a varios marcadores geológicos – asciende a unos 900.000 millones de barriles estando sus yacimientos dispersos en las regiones de Siberia, Oeste de África, este de Sudamérica y el Mar Caspio.

Por el contrario, tanto Europa como EEUU consumen el 44% del gas producido y el 43% del petróleo; a pesar que poseen el 14% de las reservas mundiales de petróleo y el 4% de las de gas.

A todo esto hay que añadir que el desarrollo económico de las potencias imperialistas emergentes, fundamentalmente de la zona asiática, de hecho China, ya es el mayor consumidor de energía, y según cálculos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), considera que en 2035 empleará un 70% más de energía que los EEUU. A lo que hay que unir que, la misma AIE estima que el crecimiento en el consumo de energía para Brasil, Oriente Medio, India e Indonesia será mucho más rápido que para China.

Un informe del Ministerio de Defensa del estado español, de junio de 2008, titulado “La crisis energética y su repercusión en la economía. Seguridad y Defensa Nacional” señalaba que “las energías fósiles representaban el 82% del consumo mundial de energía primaria, el 77% en los países de la Unión Europea y el 85% en España. Por otro lado, las energías fósiles son, en su mayor parte, importadas, tanto en la Unión Europea como en España, y la dependencia española del petróleo es mucho más elevada que el promedio mundial o de la Unión Europea. Esta dependencia de las energías fósiles no varía sustancialmente en el escenario previsto para el año 2030: entre el 76% y el 81% en el mundo, y entre el 69% y el 77% en la Unión Europea”. Señalando respecto al petróleo lo siguiente:el petróleo es insustituible en gran parte de sus aplicaciones, lo que hace especialmente grave una interrupción de su suministro. El petróleo es insustituible en el transporte, al que aporta el 94% del consumo energético y el 99% en el transporte por carretera. (…) La estructura del consumo mundial de energía primaria en el transporte es la siguiente: petróleo 94,2%; gas 3,2%; y biocarburantes, carbón y electricidad el 2,6% restante. En el transporte por carretera el petróleo aporta el 99% y los biocarburantes el 1%. También en la petroquímica, el petróleo es insustituible.

Con todo ello, se comprueba la existencia de una pugna entre potencias imperialistas – EEUU y la UE (claramente dependientes energéticamente) por un lado, y los ‘países emergentes’ por el otro – por el acceso a las fuentes de energía, fundamentalmente a las reservas de petróleo y gas mundiales que son esenciales para los monopolios y que, como hemos comprobado, se hallan en Oriente Medio.

Por todo ello, era natural que en 2005 el esbirro del imperialismo norteamericano, José María Aznar utilizado como vocero por Bush, presentase un informe realizado por el GEES (Grupo de Estudios Estratégicos) – una organización privada compuesta por políticos del PP, empresarios y militares – titulado “La OTAN: Una alianza por la libertad” en el que señalase el rol que debía adoptar la OTAN tras la cumbre de Riga, de tal modo que debía convertirse en instrumento para combatir el terrorismo islamista y salvaguardar la democracia burguesa, o lo que es lo mismo, trazaba ya la táctica para justificar todo tipo de agresión a los países que a los imperialistas les vengan en gana bajo las banderas de la ‘democracia’ y la ‘libertad’ impuestas a sangre y fuego. Dicho documento señala “La Alianza salió victoriosa de la Guerra Fría con la implosión de la URSS; la OTAN debe luchar y derrotar a quienes no ocultan que su objetivo es la destrucción de nuestras sociedades libres y abiertas (…)El presidente norteamericano George W. Bush tiene razón cuando dice que “the survival of liberty in our land increasingly depends on the success of liberty in other lands. The best hope for peace in our world is the expansion of freedom in all the world”. (“La supervivencia de la libertad en nuestra patria cada vez depende más del avance de las libertades en otros países. La mejor esperanza para la paz en nuestro mundo es la expansión de la libertad en todo el mundo.”) Coincidimos con él porque pensamos que para vencer al terrorismo no basta con perseguir y acabar con los terroristas, sino que también hay que poner fin a los ambientes que sirven para que los grupos terroristas se nutran de nuevos adeptos. Y esos entornos no son otros que la opresión política, la intolerancia religiosa, la asfixia económica, la enseñanza sistemática del odio hacia lo occidental y moderno, la corrupción administrativa y, en general, la sensación de que en el futuro no aguarda nada bueno (…)Para poder enarbolar de manera efectiva la bandera de la libertad ya hemos dicho más arriba lo que debería hacer la OTAN. Todas propuestas factibles. Por un lado, defender la libertad empezando por nuestro propio territorio. La OTAN debe pasar a convertirse en el mejor vigilante de nuestra homeland security. En segundo lugar, la OTAN debe actuar para eliminar las amenazas allí donde se generen y con la anticipación que sea necesaria. No actuar o actuar tarde en la era del terrorismo de masas equivale a condenar a muerte a muchos compatriotas. Y por último, pero no menos importante, la OTAN debe expresar claramente su naturaleza liberal y democrática. De dos maneras: por un lado, abriendo sus puertas a aquellos países que comparten nuestros valores esenciales y que están activamente comprometidos con la defensa de los mismos. Hemos defendido la necesidad de que se invite a Israel, Japón y Australia a formar parte de la OTAN, pero también podría hacerse extensiva la invitación a naciones como Colombia, al menos como miembro de la Alianza por la Libertad. La OTAN es, a pesar de quien persigue ocultarlo, una fuerza moral de alcance universal. (…) Y precisamente por su fuerza moral, que excede con mucho la militar, la Alianza también debe impulsar la apertura política en el mundo árabe y musulmán, modificando sustancialmente su Diálogo Mediterráneo, tanto en sus formas como en sus objetivos”.

Así mismo, Aznar como boca de los EEUU y el gobierno de Bush, introduce el objetivo denominado Democracy Building que lo expresa de la siguiente manera “Nosotros estamos convencidos de que estas misiones sólo pueden triunfar políticamente si, en lugar de tener como objetivo la reconstrucción del estado en entredicho, la OTAN se pone como meta no sólo dicha reconstrucción, el nation building, sino la democracy building. Esto es, se cualifica el tipo y la naturaleza del régimen político que se aspira a instaurar. (…)La expansión de la democracia es la vía política, complementaria a la militar, para luchar contra el extremismo. Mientras que el recuso a la fuerza debe ir destinado a perseguir a los terroristas y desbaratar sus planes, es imprescindible un esfuerzo político para transformar los regímenes dictatoriales en sistemas en libertad (…)Nosotros creemos que la Alianza debería crear, siguiendo en cierta medida el ejemplo de la Asociación para la Paz (PfP), una Asociación para la Libertad, esencialmente orientada a atraer a los países del Norte de África y del Oriente Medio e impulsar colectivamente las medidas adecuadas para su liberalización económica, el respeto a la libertad de culto, y la apertura y democratización de su sistema político. ”. Evidentemente cuando estos imperialistas se refieren a democracia y a libertad se están refiriendo a impunidad y seguridad para que los monopolios expolien los recursos naturales y exploten a los trabajadores de dichas zonas.

Como se puede comprobar, ya en 2005 Bush, Aznar y demás esbirros del imperialismo norteamericano y europeo estaban pergeñando la táctica – lo que posteriormente ha venido a llamarse primaveras árabes – para desestabilizar el norte de África y Oriente Medio de tal modo que puedan poner gobiernos ‘títeres’ con los que las multinacionales europeas y norteamericanas se puedan apropiar de las fuentes de energía – yacimientos de Petróleo y Gas, así como uranio, plutonio, diamantes, etcétera.

En consecuencia, el derramamiento de sangre que se está produciendo desde 2011 en Túnez, Siria, Egipto, Libia o Mali, por no hablar de toda la sangre derramada en Iraq, Afganistán, Líbano o Palestina; no es algo casual sino plenamente preparado y planificado por los imperialistas europeos y norteamericanos en su necesidad de apropiarse de los recursos del Magreb, el Sahel y Oriente Medio.

En este sentido Egipto y Siria son esenciales en la fase actual. Egipto para controlar África, el canal de Suez y el agua del Nilo, así como su riqueza natural, principalmente petróleo y gas. Egipto es ahora mismo una parte del tablero donde se libra una lucha entre el imperialismo norteamericano –que pretendía remozar su dominio liquidando al gobierno de Mubarak, títere a su servicio durante décadas, y colocar un gobierno afín de los Hermanos Musulmanes, financiados por EEUU – y el ruso, que se esfuerza por ganar influencia dentro del ejército egipcio así como del gobierno emanado tras el golpe de estado.

En Siria, el imperialismo norteamericano y europeo – así como sus satélites Arabia Saudita, Turquía, Israel y Jordania – no han dudado en formar a mercenarios para ocupar militarmente a Siria y derrocar al gobierno de Al-Assad, gobierno contrario a los intereses de EEUU y la UE. El gobierno de Siria tiene estrechos lazos políticos y económicos con China, Irán y Rusia. Así mismo Siria es enemiga histórica del estado de Israel y un apoyo esencial para la resistencia árabe que combate el sionismo, fundamentalmente Hezbola. Pero sobretodo, para los EEUU y la UE es esencial poner un gobierno títere en Siria para asfixiar y culminar los preparativos bélicos para arremeter contra Irán. Irán no sólo es el país que más reservas de gas natural tiene, sino el cuarto con más reservas de petróleo. Pero además, controla el estrecho de Ormuz, por donde transita la mayor parte de las exportaciones de Oriente Medio.

Los imperialistas modelan la base y la superestructura con objeto de hacer perdurar en el tiempo el dominio de los monopolios y, con ellos el proceso de concentración; esa modelación se desarrolla vía crisis y vía guerras donde sojuzgan a los Pueblos del Mundo. A nivel interno de los países, lo podemos observar en la ofensiva desatada por la burguesía contra los trabajadores, estableciendo marcos sociales y laborales que liquidan todo tipo de derecho de estos, les bajan los salarios, llevando al proletariado al paro forzoso y a la indigencia. A nivel mundial, exportan capitales para parasitar y explotar a lo largo y ancho del planeta conquistando los mercados y robando los recursos naturales a sangre y fuego, mediante el asesinato y la guerra. Eso es lo que están haciendo los gobiernos de los EEUU y de la UE, hacer la guerra imperialista para robar el petróleo y el gas de Oriente Medio como fórmula para acentuar su dictadura y para superar la enorme crisis en el que se hallan dichos bloques imperialistas. Este sistema está quebrado, y llevan en su tuétano la crisis y la guerra y, como señala nuestro Programa “Las soluciones que se aplicaren a cualquiera de las crisis modernas del capitalismo se convertirán en la causa de la siguiente. En realidad, hace tiempo que el capitalismo entró en quiebra general de las que las crisis económicas contemporáneas son manifestaciones en picos de una gran cresta.”. Los imperialistas norteamericanos y europeos no sólo van a continuar asesinando a millones de seres humanos inocentes sino que van a acrecentar la crisis todavía más, llevando al mundo al borde de una nueva Guerra Mundial.

Y ante este escenario, los enemigos del proletariado cierran filas ante los intereses de los monopolios. Así Izquierda Unida, a través de Willy Meyer, manifiesta sobre la guerra imperialista en Siria que “esta posible intervención sin autorización del Consejo de Seguridad volvería a crear a nivel internacional una situación de emergencia como la que produjeron la guerra de Yugoslavia, Iraq o Afganistán. El uso de la fuerza al margen de la Carta de la ONU sólo conlleva más violencia e inestabilidad”, o lo que es lo mismo, que ven bien la guerra imperialista en Siria si el grupo de potencias imperialistas que se sientan en el Consejo de Seguridad de la ONU así lo aprueba, posicionándose al favor del imperialismo, del derramamiento de sangre trabajadora y de la guerra imperialista y en contra de la paz y del proletariado. Los socios de Izquierda Unida, el PSOE, va a más y se manifiesta abiertamente favorable a una intervención militar en Siria, algo por otro lado natural teniendo en cuenta que tanto el PSOE, como el PP, defienden abiertamente el imperialismo y son títeres de los monopolios, al igual que Izquierda Unida. Por otro lado, la internacional sindical del imperialismo – CSI – donde están incardinadas las centrales sindicales CCOO, UGT, USO o ELA, en lugar de rechazar abiertamente la guerra imperialista y de rechazar la injerencia imperialista y la negación de la soberanía de Siria, pasan de costado y no se posicionan en contra de la guerra imperialista, apelando a la ONU para buscar una solución al conflicto arremetiendo contra Al-Assad y su gobierno.

El Comité Ejecutivo del Partido Comunista Obrero Español rechaza de plano la guerra imperialista en Siria. Los trabajadores del mundo, los que ponemos el trabajo y los muertos en las guerras que hacen los burgueses para enriquecerse, no tenemos otra salida que avanzar firme y decididamente hacia el socialismo. La única salida que tenemos la mayoría trabajadora del mundo, los parias y los pobres de la tierra, ya seamos egipcios, sirios, libios o españoles, es tomar conciencia de que el imperialismo sólo nos conduce a la miseria, a la guerra y a la muerte, pues la crisis y la guerra son inherentes al capitalismo en la fase actual de putrefacción en la que se halla. Por todo ello, hacemos un llamamiento al proletariado del estado español a oponerse a la guerra imperialista, movilizándose contra élla y, fundamentalmente, a organizarse como clase para acabar con el actual sistema que nos conduce al abismo y a organizarse para acabar con el capitalismo y construir el socialismo. Y ello sólo es posible organizándose la clase trabajadora, desarrollando en los barrios y en los pueblos el Frente Único del Pueblo como instrumento de lucha política que una a todos los sectores del proletariado contra las leyes que nos oprimen, que dote a la clase trabajadora de la capacidad política para dirigir sus designios y para ser dueña de la producción y como se distribuye ésta y, también, para oponerse a la guerra imperialista y cumplir con el sagrado principio del internacionalismo proletario, oponiéndonos al derramamiento de sangre de nuestros hermanos de clase sirios y de otros puntos del planeta, organizándonos y dando pasos consecuentes por el socialismo.

¡NO A LA GUERRA IMPERIALISTA!

¡POR EL FRENTE ÚNICO DEL PUEBLO!

¡SOCIALISMO O BARBARIE!

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E)

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¿Capitalismo monopolista de Estado o capitalismo monopolista transnacional?

En momentos de especial agudización de las contradicciones y, especialmente, tras la caída de la URSS, surgen numerosos teóricos revisionistas que elaboran nuevas teorías que, supuestamente, se adaptan a los nuevos tiempos, alegando que la vigencia de los clásicos –Marx, Engels y Lenin- es limitada. Uno de estos teóricos es el profesor Vicente Escandell Sosa, que de manera hábil trata de refutar la vigencia del capitalismo monopolista de Estado (CME), contraponiendo a él una nueva teoría que denomina capitalismo monopolista transnacional (CMT)1.

Los defensores del capitalismo monopolista transnacional afirman que el CME ha sido superado y que nos encontramos en una nueva fase de desarrollo del capitalismo, en la que los Estados se convierten en una traba para el desarrollo de los monopolios, y que éstos son capaces de prescindir del Estado. Para refutar esta postura revisionista, se plantea la necesidad de analizar en profundidad la estructura del capitalismo y las dos teorías que aquí se plantean –el CME y el CMT-.

Uno de los principales argumentos utilizados por Vicente Escandell es el hecho de que, hasta día de hoy, en ningún país capitalista desarrollado haya tenido lugar una revolución socialista; pues Lenin afirmaba que el capitalismo monopolista de Estado era la antesala de la revolución. El teórico del CMT erra en esta cuestión, pues obvia la existencia de unas condiciones subjetivas que juegan también un papel trascendental en cuanto al estallido de la revolución se refiere. Cuando Lenin afirma que la llegada del capitalismo monopolista de Estado “ha aproximado la revolución socialista y ha creado las condiciones para ella”, se refiere a las condiciones estrictamente objetivas, que se dan de manera independiente a las subjetivas. Escandell, por contra, confunde los criterios objetivos y subjetivos en una sola y abstracta categoría y, en base a dicho error, considera que la tesis defendida por Lenin ha sido refutada por el propio desarrollo histórico. En realidad, la historia no ha hecho más que confirmar las posturas de Lenin, pues las condiciones objetivas han sido satisfechas, hace ya décadas, con el desarrollo del capitalismo en su fase más decadente: el imperialismo. Así, observamos una gran agudización de la contradicción entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas, un agravamiento cada vez mayor de la miseria de las clases oprimidas, y crisis cíclicas de sobreproducción de una intensidad creciente con respecto a las precedentes.

En un contexto de absoluta concentración del capital en manos de la oligarquía financiera, de agudización de la lucha de clases, de crisis cíclica de sobreproducción y de intensificación de la explotación de las masas trabajadoras, es más obvio que nunca que vivimos en la última fase de desarrollo del sistema capitalista. La conciencia espontánea de las masas, embrión de la conciencia de clase, se manifiesta en acciones espontáneas que provocan una movilización cada vez mayor de las masas trabajadoras. Pese a que la clase obrera aún no ha tomado conciencia de sí misma y la mayor parte de sus luchas tienen un carácter puramente económico o reformista, es innegable que la agitación de las capas oprimidas de la sociedad sigue una tendencia creciente. Así lo demuestran los hechos en Grecia, o más recientemente en Turquía, por poner algunos ejemplos. En este contexto, el Partido Comunista debe elevar las luchas económicas al plano político y debe infundir en los obreros la conciencia de clase, pues solo así será posible la llegada de la revolución socialista. El hecho evidente e innegable es que la decadencia del capitalismo es cada vez mayor, por lo que en criterios objetivos, la coyuntura es revolucionaria. Todo ello reafirma una y otra vez los postulados de Lenin, en contra de lo que afirman los teóricos del CMT.

En un artículo publicado en la revista Die Bank, Lenin afirmaba lo siguiente: “Los monopolios […] han servido únicamente para sanear a costa del Estado la industria privada”. Y en base a ello, extraía la siguiente conclusión: “En la época del capital financiero, los monopolios de Estado y los privados se entretejen formando un todo”. Los hechos, como observaremos a continuación, han confirmado la conclusión a la que llegaba Lenin. En contra de lo que afirma Vicente Escandell, a día de hoy, y especialmente tras el estallido de la actual crisis de sobreproducción, los monopolios se sirven del Estado para defender sus intereses y garantizar su subsistencia. El Estado ha puesto en marcha numerosos mecanismos para transformar la deuda privada, contraída por los grandes monopolios, en deuda pública, a cuyo pago se destina una parte importante de los presupuestos estatales. Los Estados imperialistas más desarrollados -EEUU, los miembros de la Unión Europa y Japón-, han rescatado con dinero público a numerosos bancos para evitar que éstos tuvieran pérdidas. La vigencia del CME es absoluta, pues la oligarquía financiera se sirve de la maquinaria estatal para nacionalizar las pérdidas de sus monopolios. En este sentido, el Estado español ha rescatado desde 2008 a dos bancos (Bankia y Banco Valencia) y tres cajas de ahorro. Además, el Estado solicitó un crédito de 100.000 millones de euros para ser utilizado en la nacionalización de la deuda de los grandes monopolios, y en inyecciones de capital a la banca. Y pese a que este préstamo va destinado principalmente a los grandes bancos, el garante del dinero concedido es el Estado español, no los bancos beneficiaros del crédito. Así pues, observamos cómo el Estado vacía las arcas públicas para intervenir en la actividad de los monopolios privados en beneficio de éstos. La oligarquía financiera de cada Estado hace uso de la maquinaria estatal para servir a sus intereses, pues en la actual fase del capitalismo, los monopolios necesitan a los Estados.

Por otra parte, es llamativo el hecho de que la mayoría de los principales gestores del sector público provengan de grandes empresas, formen o hayan formado parte de consejos de administración de ciertos monopolios, y que finalmente acaben trabajando para grandes empresas nacionales y multinacionales. Monopolios y Estados se entretejen formando un todo, como dijera el camarada Lenin.

Si bien es cierto que el Estado siempre ha tenido un carácter de clase y siempre ha desempeñado un papel en la economía, éste ha variado de acuerdo con la fase de desarrollo del sistema capitalista y con las necesidades de la clase dominante. En el capitalismo, la burguesía ha utilizado siempre el Estado, que es la principal herramienta de la que dispone para ejercer su dictadura. El CME se caracteriza por la formación de una oligarquía financiera, cada vez más poderosa y reducida, que concentra cantidades astronómicas de capital financiero. La concentración y el monopolio son, a día de hoy, un hecho. En esta fase putrefacta y decadente del capitalismo, el imperialismo, los monopolios se relacionan íntimamente con el Estado, ya que la agudización de las contradicciones y las dimensiones cada vez mayores de las crisis cíclicas de sobreproducción hacen que los monopolios no puedan garantizar su subsistencia sin valerse de la maquinaria estatal. Así pues, observamos cómo en momentos de desarrollo relativamente pacífico del capitalismo, la intervención estatal es menor, mientras que cuando se agudizan las contradicciones, los monopolios recurren rápidamente al Estado para nacionalizar sus pérdidas y sectores ruinosos, así como para obtener subvenciones millonarias e impulsar legislaciones destinadas a reprimir a los trabajadores y leyes laborales que aumenten el grado de explotación de los obreros, para que éstos generen una mayor plusvalía para los monopolios.

El papel del Estado no solo no ha disminuido, sino que ha aumentado en tanto se ha fusionado con los monopolios privados, apropiándose incluso de algunos sectores fundamentales como las energías o los transportes -dependiendo de las circunstancias concretas de cada país-. Por lo que se refiere a la transnacionalización, no es un proceso nuevo, ni un descubrimiento del profesor Escandell, sino un hecho que tiene lugar desde tiempos de Lenin, manifestándose en pugnas por los mercados internacionales, el sometimiento de los Estados menos desarrollados a los grandes imperios, la existencia de deudas millonarias internacionales, etc.

El nivel de fusión entre los monopolios y los Estados es tal, que la oligarquía financiera llega a valerse del aparato militar del Estado para conquistar nuevos mercados en los que imponer su hegemonía, y para defender sus intereses frente a monopolios extranjeros –y sus respectivos Estados-. Tal es la naturaleza de la invasión imperialista de, por ejemplo, Afganistán e Iraq. Otro ejemplo de la utilización de los Estados por parte de los monopolios lo hallamos en la formación de alianzas entre Estados, cuyo origen es la conciliación temporal de los intereses de los monopolios de dichos Estados, en competencia con otros monopolios. Este es el caso de la disputa entre las potencias imperialistas clásicas –EEUU, UE y Japón- y los países imperialistas emergentes –Brasil, Rusia, India y China-.

En definitiva, el Estado, lejos de convertirse en una traba para el desarrollo del capitalismo y de los monopolios, es la herramienta imprescindible de la oligarquía financiera para defender sus intereses.

Comisión Ideológica del Partido Comunista Obrero Español

 

1 Esta teoría se expone en “La categoría leninista Capitalismo Monopolista de Estado: una mirada actual”.

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Acerca del maoísmo

El conjunto teórico formulado por Mao Zedong y las enseñanzas que se desprenden de su praxis revolucionaria en China, conforman la teoría conocida con el nombre de maoísmo. Ésta cobró fuerza en el Movimiento Comunista Internacional tras la muerte de Stalin, a raíz de su papel como una de las principales voces discordantes ante el revisionismo soviético representado por Nikita Jrushchov a partir del XX Congreso del PCUS, donde se denunciaron los supuestos crímenes de Stalin y se proclamó la ruptura con la línea mantenida por dicho dirigente.

En nuestros días, el maoísmo continúa siendo la base  ideológica sobre la que se fundamentan numerosas organizaciones; muchas de ellas se declaran como tales, mientras que otras no se reconocen maoístas de manera oficial pero siguen fielmente las enseñanzas de Mao, siendo maoístas de facto.

Si bien es cierto que en 1956, cuando tuvo lugar la celebración del XX Congreso del PCUS, Mao se posicionó en contra del revisionismo soviético encabezado por Jruschov, no significa esto, en ningún caso, que el maoísmo no sea una teoría igualmente revisionista contraria a los principios del leninismo.

Por todo ello, se plantea la necesidad de analizar la teoría maoísta y refutarla de manera científica desde el marxismo-leninismo, tal es la pretensión del presente documento.

Cuando Mao Zedong planteó lo que él mismo denominaría como el Gran Salto Adelante, afirmaba que la edificación del socialismo y la disolución definitiva del Estado podrían darse en un plazo breve de tiempo, incluso en cuestión de poco más de una década.  Analizando las condiciones de China en ese momento histórico, con unas fuerzas productivas con un grado de desarrollo propio del feudalismo y con una industria prácticamente inexistente, las afirmaciones de Mao no denotan sino una total incomprensión de la ciencia marxista-leninista.

Podemos observar en el hecho expuesto un ejercicio de idealismo filosófico por parte de Mao, al considerar que las condiciones materiales necesarias para la llegada del comunismo se darán a partir del desarrollo de la conciencia del pueblo y de la voluntad de la vanguardia, renegando así, de facto, del materialismo dialéctico.

Ésta es tan solo una de las muchas actuaciones que evidencian tal desviación. Otro ejemplo lo hallamos en la política de “3 banderas”, definida por Mao, que suponía el establecimiento de comunas agrícolas, lo que debía constituir la forma de organización fundamental de los campesinos. Años atrás, Stalin había analizado ya la cuestión, indicando cómo debía llevarse a cabo este proceso: la comuna surgiría cuando en las granjas del artel abundasen todos los productos, cuando la mecanización fuese efectiva. Es decir, la comuna surgiría sobre la base de una técnica desarrollada, sobre la base de la  abundancia de productos. Stalin no hacía más que poner en práctica las tesis leninistas y, mediante la dialéctica materialista, concluir que la comuna es la forma superior de la organización cooperativa en el campo, y surge como consecuencia real y objetiva del desarrollo de las fuerzas productivas y de la técnica.

Pero Mao, haciendo gala una vez más de su idealismo filosófico, ignoró las condiciones objetivas y el grado de desarrollo de las fuerzas productivas y de la técnica; estableciendo la comuna como forma de organización en el campo. Este hecho no hace sino evidenciar que Mao no se atiene a las condiciones objetivas tratando de desarrollarlas, sino que concibe la realidad como el reflejo de la conciencia. Creía que podía someter la marcha de la historia a los deseos de la vanguardia, cayendo así en un subjetivismo absoluto, ajeno a cualquier análisis que se pretenda materialista y dialéctico.

Mao queda desenmascarado una vez más en su crítica a Lenin. Éste segundo afirmó que cuanto más atrasado está un país, más difícil es que pase del capitalismo al socialismo. Lenin, al afirmar esto, se fundamenta en los criterios objetivos para considerar la revolución y la edificación socialista. Pero Mao, por su parte, y en contraposición a esta tesis, afirma que desde la perspectiva actual, esta tesis no es correcta. En realidad, cuanto mayor sea el atraso económico de un país, tanto más fácil es su transición del  capitalismo al socialismo. Cuanto más pobre es un hombre más desea la revolución.
Observamos una vez más como Mao cae en el idealismo filosófico, obviando los criterios objetivos y científicos, y priorizando la conciencia del hombre ante estos.

En definitiva, Mao considera que antes de modificar la realidad material, es necesario que el pueblo cambie su concepción del mundo, asumiendo las ideas maoístas. Este enfoque es absolutamente idealista, y niega la propia esencia del materialismo dialéctico, que concibe la conciencia de una sociedad como consecuencia de su realidad material. Para Mao, en cambio, la conciencia es anterior al ser social.

Por otra parte, se plantea la necesidad de analizar la peculiar caracterización que realiza Mao de las  relaciones entre las clases enfrentadas en el capitalismo. En referencia a las contradicciones entre el proletariado y la burguesía nacional, Mao sentencia:

«si estas contradicciones antagónicas se tratan debidamente, pueden transformase en no antagónicas, pueden resolverse por vía pacífica. Si esas contradicciones no se tratan como es debido, si no seguimos con la burguesía nacional la política de unidad, de crítica y de educación, o si la burguesía nacional no acepta esta política nuestra, entonces las contradicciones entre la clase obrera y la burguesía nacional pueden convertirse en contradicciones entre nosotros y nuestros enemigos.»

Este análisis supone la caracterización de las contradicciones entre el proletariado y la burguesía nacional como no antagónicas, identificando a ésta última clase como un potencial aliado en la construcción del socialismo. Mao considera viable la colaboración entre clases absolutamente antagónicas -tal y como las identificaran Marx, Engels y Lenin-. Esto supone, por tanto, aceptar el interés privado y explotador de la burguesía nacional como no constitutivo de peligro para la edificación socialista. Se acepta la existencia de esta burguesía, y se considera que su práctica opresiva puede ser reeducada de forma pacífica, y reconducida hacia el establecimiento de una alianza para la construcción del socialismo. Mao deja patente su incomprensión de la dialéctica materialista, no entiende la inviabilidad de una reconciliación entre clases obviamente enemigas, fruto de su carácter puramente antagónico. En lugar de ello, obvia la inexorable  necesidad de reprimir a la burguesía como potencial enemigo de la clase obrera y de las capas explotadas de la sociedad, y de expropiarle sus medios de producción. Esta tesis defendida por Mao es contraria al avance socialista y manifiesta de nuevo su idealismo filosófico, al considerar que la burguesía puede  convertirse en una clase aliada del proletariado y del campesinado en la construcción del socialismo; siendo ello posible -siempre según Mao- modificando la conciencia de la clase burguesa, obviando así los intereses objetivos de dicha clase que tienen su base en la realidad material, en la estructura, concretamente en las relaciones sociales de producción.

Otro punto fundamental en la teoría maoísta y que, por tanto, cabe analizar en este documento, es la identificación del campesinado como sujeto revolucionario. Con la llegada del capitalismo, el modelo de producción feudal es empujado a su superación por el desarrollo dialéctico de las fuerzas productivas intrínsecas a él, las relaciones de producción y la intensificación de la lucha entre las clases sociales existentes. Era característico de anteriores modelos de producción el trabajo individual de cada ser humano, mientras que el avance de la sociedad burguesa implica la aparición de un trabajo social instigado por los grandes propietarios de tierras que, vendiendo éstas, utilizan lo obtenido para la adquisición de grandes máquinas y la contratación de individuos que se ven obligados a vender su fuerza de trabajo. El nuevo modelo productivo capitalista viene determinado por un ser humano que vende su fuerza de trabajo para recibir a cambio una ínfima parte de la riqueza producida con ella, pues la parte sustancial y mayoritaria -la plusvalía- se acumula en las manos del burgués, que actúa como parásito. Nacían de este modo las fábricas industriales, donde se desarrolla el trabajo social. Nacía, por tanto, como producto de este nuevo modo de producción, la clase obrera.

El proletariado es engendrado por el capitalismo, y su posición en éste, como desposeído de los medios de producción y vendido a su fuerza de trabajo, es netamente antagónica a los intereses de la clase burguesa, que representa la opresión contra los obreros y cuyos intereses objetivos se encaminan a dicho fin. De esta forma, el papel de sujeto revolucionario en el sistema capitalista pertenece a la clase obrera -al ser producto directo del mismo, y una clase netamente antagónica a la burguesía-, una vez dadas las condiciones objetivas para la instauración de las nuevas relaciones de producción.

La dialéctica del sistema capitalista impone que sea la clase obrera, cuyo desarrollo choca frontalmente una y otra vez con la burguesía, la sepulturera del mismo. De este modo, las tesis de Mao que otorgan al  campesinado el rol de sujeto revolucionario quedan absolutamente desacreditadas desde la ciencia dialéctica materialista, desde el marxismo-leninismo. El campesinado no es una clase netamente antagónica a la burguesía, pues está integrada tanto por terratenientes como por campesinos semiproletarios, y por ende tiene una naturaleza pequeñoburguesa.

Las capas campesinas no están capacitadas para llevar hasta el final la revolución y liderar la construcción del socialismo; aunque esto no implica que no sean potenciales aliados del proletariado -especialmente el campesinado pobre y los campesinos semiproletarios- en dicha tarea. No cabe duda alguna de que otorgar el rol de sujeto revolucionario a una clase que no es netamente revolucionaria constituye un error y una desviación del leninismo. Marx, Engels y Lenin recalcaban la importancia de que fuera el proletariado, la clase más avanzada cuantas hayan existido en la historia, la que liderara la tarea histórica de superar el capitalismo y construir la sociedad socialista.

A menudo se argumenta que Mao supo adaptarse a las condiciones de China, atrasada y con un  campesinado muy mayoritario, y que su defensa del campesinado como sujeto revolucionario responde a las necesidades de dicho país en un momento histórico concreto. Pero incluso en las condiciones que se daban en China en la primera mitad del siglo XX, con una clase obrera aún muy minoritaria, debía ser esa minoría de la población la que asumiera el papel de vanguardia en la revolución socialista, impulsando a su vez la industrialización y el desarrollo de las fuerzas productivas, a fin de consolidar una mayor base de proletarios, en clara alianza con el campesinado pobre. Por tanto, la máxima maoísta de que “el campo asedie la ciudad” reniega del marxismo-leninismo, haciendo gala de la incomprensión de la dialéctica del sistema.

Lenin, en 1901, decía al respecto de esta cuestión: “Los partidarios de Tierra y Libertad partían de la idea errónea de que la principal fuerza revolucionaria en el país era, no la clase obrera, sino los campesinos; que el camino hacia el socialismo iba a través de la comunidad campesina”.

En definitiva, entendiendo el carácter pequeñoburgués de los campesinos -aún asumiendo que también forman parte de éste elementos semiproletarios-, y siendo esta clase el sujeto revolucionario teorizado por Mao, se evidencia que el maoísmo constituye en sí mismo una desviación pequeñoburguesa.

Por otra parte, otro rasgo característico del maoísmo, es la defensa de la república popular democrática, a la que Mao denominaba como Nueva Democracia. Esta propuesta etapista constituye una ruptura con la teoría leninista, al concebir la democracia popular como una fase intermedia necesaria para la construcción del socialismo, a la que Mao llegó a considerar una nueva etapa histórica superior al capitalismo y anterior al socialismo. Esta fase tiene un carácter interclasista, propugnando la alianza entre la burguesía nacional y las capas explotadas de la sociedad, tal y como se ha expuesto anteriormente en este mismo documento.

La defensa de la república popular se basa en la incomprensión de varios principios fundamentales de la dialéctica, especialmente en el desconocimiento del carácter dialéctico de las relaciones de producción; pues éstas o determinan la propiedad de los medios de producción por parte de la burguesía, o por parte del proletariado, que es quien lleva a cabo la producción material.

Lenin afirmaba al respecto que la revolución socialista debe conducir a la dictadura revolucionaria del proletariado en alianza con el campesinado pobre. Afirmaba, también, que en un país en su fase imperialista, es decir, donde se ha desarrollado ya el capitalismo monopolista de Estado, no tiene cabida ninguna fase intermedia entre el capitalismo y el socialismo. La república popular, en la que se establece una alianza interclasista, no hace sino retardar el proceso de emancipación de los explotados, manteniendo durante ésta el poder en manos de la burguesía. Aplicando el método dialéctico al desarrollo histórico, como ya hicieran Marx y Engels, solo es posible determinar que el avance de las fuerzas productivas llevará inexorablemente a una revolución en que éstas pasarán a ser propiedad social, y el proletariado destruirá la antigua maquinaria burguesa, expropiándoles los medios de producción e instaurando un Estado obrero bajo la forma de la dictadura del proletariado. Así pues, la contradicción entre las relaciones de producción y las fuerzas  productivas halla su resolución en el socialismo, y no en etapas intermedias teorizadas desde el idealismo filosófico y desde la incomprensión de la dialéctica.

La estrategia que traza Mao y que defienden los maoístas para lograr la democracia popular, es la Guerra Popular Prolongada, consistente en la toma de las armas por un pequeño número -en comparación con las masas explotadas- de elementos avanzados. Esta teoría se fundamenta en la suposición de que las masas obreras y campesinas, hartas de la explotación burguesa, adoptarán paulatinamente una posición favorable a este método y terminarán por tomar las armas formando un Ejército Popular. En definitiva, consiste en plantear la lucha armada desde el momento mismo en que la vanguardia toma conciencia, momento en el que la conexión con las masas es aún tenue y, por tanto, las acciones armadas no superarán los límites del terrorismo individual, ya criticado por Lenin. Además, la defensa de una estrategia de desgaste, que consiste en ir mermando al enemigo mediante la acción armada de la vanguardia, supone la negación, en cierta  medida, del papel histórico del sujeto revolucionario, es decir, la clase obrera.  Esta negación se materializa al considerar que el solo ejercicio de la vanguardia permitirá realizar la revolución, prescindiendo así de las masas explotadas. Aunque esto en nada puede sorprendernos, puesto que Mao tampoco es capaz de identificar de manera científica al sujeto revolucionario, como ya se ha expuesto anteriormente.

La praxis leninista se aleja diametralmente de esta concepción, pues el momento de tomar las armas lo  marca la conciencia subjetiva de las clases   explotadas, y no la voluntad de unos cuantos elementos avanzados. La tarea del Partido debe consistir en la concienciación de las masas trabajadoras, explicándoles la dialéctica del sistema y haciendo comprender a éstas que la única salida posible es la construcción del socialismo, lo cual no se logrará mediante acciones armadas en un momento en el que las masas poseen un grado nulo de conciencia de clase revolucionaria.

El maoísmo se manifiesta como una teoría esencialmente idealista y antimarxista en su análisis sobre las contradicciones a nivel internacional. Los continuadores de Mao plantean la Teoría del Mundo Multipolar, es decir, dividen el mundo en polos imperialistas; por una parte, un gran bloque hegemónico encabezado por EEUU, Japón y la UE; por otra parte y en oposición al primero, el bloque formado por los países emergentes, sufridores de la opresión capitalista. Sin embargo, tal división no responde ni mucho menos al análisis  dialéctico, sino a una burda desviación burguesa.

Mao, por su parte, sienta las bases de la teoría de los Tres Mundos, que defiende la división del mundo en tres categorías: la primera, a la que llama ‘primer mundo’, se hallaría integrada por EEUU junto a su bloque de países ‘ricos’; por otra parte, encontraríamos el bloque soviético liderado por la URSS; y por último, el ‘tercer mundo’, en el cual se incluyen todos los países no alineados.

Teniendo en cuenta esta cuestión, es preciso analizar en profundidad la contradicción que se da en el plano internacional, para comprender la lucha constante entre los bloques imperialistas y determinar si ésta es o no la contradicción fundamental a nivel mundial. Es necesario, por ende, analizar la estructura del capitalismo.

En el sistema capitalista mundial, caracterizado por la propiedad privada sobre los medios de producción en manos de la burguesía, encontramos que su desarrollo es directamente proporcional al nivel de explotación de la clase obrera, pues cuanto más se desarrolla la industria y el capital, a más obreros aglutina entre sus filas. Hemos de comprender, por tanto, que la contradicción fundamental, de las que se desprenden las  demás contradicciones del sistema, es la apropiación privada del producto del trabajo social, realizado por la clase obrera, en manos de la burguesía.

Las luchas imperialistas que tienen lugar entre distintas potencias imperialistas, es decir, en el seno de la burguesía internacional -véase la lucha entre el bloque formado por EEUU, UE y Japón frente al grupo emergente BRIC-, supone ni más ni menos que un enfrentamiento por los nuevos mercados a dominar, en donde implantar la dictadura del capital. No constituyen, por tanto, una contradicción esencial del sistema, sino que son un producto de la competencia desenfrenada entre los monopolios imperialistas.

En ambas teorías –Teoría del Mundo Multipolar y Teoría de los Tres Mundos– observamos un rasgo común: se obvia la contradicción fundamental del capitalismo, para sustituirla por meras contradicciones circunstanciales de distintos bloques imperialistas -en el caso del mundo multipolar-, o por una alineación política entorno a determinados bloques. La incomprensión de la dialéctica y la concepción idealista de Mao, le llevan, en el primero de los casos, a considerar que el mundo se divide en voluntades políticas y no en función de las relaciones de producción de un determinado modo productivo; mientras que en el segundo de los casos plantea la división del mundo en dos bloques de potencias explotadoras y explotadas. Esto  constituye un análisis del todo idealista y antidialéctico, que tan solo trata de encubrir el eminente imperialismo chino, obviando así que la causa central de la que se desprenden todas las demás contradicciones no es otra que la contradicción entre el carácter social de la producción y la propiedad burguesa de los medios de producción.

Otro de los graves errores del revisionismo maoísta es la negación de uno de los principios fundamentales de la dialéctica, a parte de su incomprensión. Mao afirma:

«los cambios en la sociedad se deben principalmente al desarrollo de las contradicciones entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción en el seno de la sociedad, es decir, las contradicciones entre las clases, las contradicciones entre lo nuevo y lo viejo.»

Por tanto, el maoísmo no otorga a las fuerzas productivas un papel determinante, sino que éste es otorgado a las relaciones de producción, que según afirma Mao, pueden ser perfeccionadas a voluntad del hombre. En contra de esta creencia, el materialismo histórico muestra que el papel determinante del progreso de la producción y de los cambios en ésta, se originan a partir de los cambios en las fuerzas productivas. Una vez más, se manifiestan las concepciones idealistas y antidialécticas de Mao.

La concepción que Mao mantiene del Partido Comunista es otro de los principios erróneos y antimarxistas sobre los que se fundamenta el maoísmo. Esta visión distorsionada del Partido, lejos de ser un desarrollo del marxismo- leninismo como han afirmado históricamente sus seguidores, en nada se asemeja al Partido de Nuevo Tipo descrito por Lenin.

Mao mantenía una posición crítica respecto al camarada Stalin, y defendía  que el reflejo de la lucha de clases, de las contradicciones entre la burguesía y el proletariado -que él creía no-antagónicas y conciliables-, se extendía hasta el seno del Partido, originándose en él dos líneas  enfrentadas que representaban ambos intereses sociales de clase. A raíz de ello, la lucha entre ambas posiciones fue entendida por Mao como la condición subjetiva necesaria para iniciar la llamada Revolución Cultural, cuyo objetivo era expulsar a la línea burguesa que previamente era tolerada. Como observamos, Mao considera que es inevitable la existencia del revisionismo en el seno del Partido, y considera que la  burguesía nacional puede ser reeducada en el marxismo- leninismo.

De este modo, no hace sino obviar la necesidad imperiosa de establecer una vigilancia intensiva en el Partido, depurando y erradicando cualquier vestigio de ideología burguesa -y por tanto enemiga de los intereses del proletariado- en el seno del Partido. Mao dibuja con su concepción del Partido Comunista una suerte de compendio entre ideologías y clases en el seno del Partido, y no una Vanguardia del proletariado, unidad férrea y disciplinada de los elementos más avanzados de la clase obrera, sin fracciones de ninguna índole, armada con la ciencia marxista-leninista.

En conclusión, Mao profesa una concepción idealista del mundo y no comprende en absoluto la dialéctica, cayendo a menudo en la metafísica. Se aleja diametralmente de la ciencia marxista, y en oposición a las tesis de Marx, Engels y Lenin, elabora todas sus teorías que, más allá de no desarrollar en absoluto el marxismo-leninismo, constituyen una forma de burdo revisionismo.

Por tanto, el maoísmo no es más que la negación del leninismo, pues su base fundamental es el idealismo antidialéctico. Por todo ello, y siendo el maoísmo ajeno al marxismo, debemos combatirlo como  planteamiento revisionista que es y ha sido siempre.

Comisión Ideológica del Partido Comunista Obrero Español




Respuesta del PCOE a Emilio Aguado Moyano

En el Blog “Movimiento Político de Resistencia” apareció el pasado día 6 de Agosto un artículo de un tal Emilio Aguado Moyano titulado: “Los revisionistas españoles tratan de ocultar la vigencia de la resistencia antifascista”, con motivo del homenaje que la CJC dedicó a las 13 Rosas Rojas “heroínas ejemplares de la resistencia contra el fascismo”. No podemos negar que la respuesta dada por el autor, y su salida de tono, nos ha sorprendido por extemporánea, debido a que arremete contra el PCOE, que nada ha tenido que ver con dicho homenaje; aunque, naturalmente, lo comparte porque lo considera justo.

Resulta bastante claro que el autor del artículo y sus compañeros esperaban agazapados detrás de la maleza una oportunidad, cualquiera que fuese, para poder criticar al PCOE después de 40 años de existencia. ¿Por qué ahora? Sin duda alguna que obedece a que el pasado mes de abril respondimos resueltamente a una crítica subrepticia de Olarieta. Nuestra contra fue a modo de debate y no fuimos nosotros los que lo iniciamos. Esperábamos pues, una defensa a ultranza de sus posiciones pero en el marco debido, en el que se estableció entonces, en el teórico práctico. Pero se ve que les resultaba más que difícil continuar por el camino que ellos mismos eligieron.

No nos queda muy claro si todas las imputaciones que el autor hace a los CJC y al PCPE van también dirigidas al PCOE y es que todo se manifiesta confuso, porque según se desprende, con nuestro partido el autor no tiene lo suficientemente dominada la parte del campo de batalla que escogió para atacar. Juzgar al PCOE por lo que supuestamente éste piensa que pasó hace treinta y cinco años nos parece una barbaridad o una falta de argumentos y de rigor para enfrentarse a nuestra realidad de hoy.

Pero el autor se equivoca, y mucho, al afirmar que no queremos hablar de los años 70. Yerra intencionadamente cuando dice que estábamos escondidos y más se equivoca cuando nos califica de bandidos, tal vez su inconsciente le jugó una mala pasada cuando se miraba al espejo. Para el PCOE actual, hablar de los años 70 no sólo es un hecho cotidiano, también es una obligación, porque esos años, pese a tantas cosas como sucedieron en el Movimiento Comunista Español e Internacional, poseen connotaciones de primer grado con el desarrollo teórico de nuestro Partido.

Durante los años setenta y principios de los ochenta, especialmente desde 1976, la sede del PCOE fue un lugar de encuentros muy interesantes. Los dirigentes más insospechados desde los “Movimientos de Resistencia” hasta los de “Liberación Nacional llamaban a su puerta en busca de los líderes del Partido. Unos demandaban la opinión de Líster respecto de sus formas de luchas, otros insinuaban unidades orgánicas y otros pretendían que el PCOE intercediese ante los países socialistas para lograr su reconocimiento internacional. Naturalmente, se acercaron todo tipo de organizaciones con objetivos muy diferenciados, lo que se dice unas visitas de cal y otras de arena.

También el PCOE en aquella época devolvió visitas, incluso allende nuestras fronteras. Y a todos los visitantes y visitados se les habló de manera muy firme en lo que se refiere a las posiciones que el partido mantenía en aquel momento. Al PCOE no le tembló la boca ni el pulso para decir la verdad, lógicamente su verdad. El PCOE jamás se ocultó ni esquivó conversaciones con nadie, por muy arriesgado que fuese. Y tanto a los emisores nacionales, como a los de los “grandes” Partidos Comunistas del mundo, se les decía lo que teníamos que decir. Y que el PCOE luchó con sus pequeñas fuerzas, tanto contra la conciliación, como a favor de la ruptura total con el régimen, es un hecho tan evidente que únicamente quienes mantengan un interés particular intentarán distorsionar esa parte de la historia de nuestro Partido.

Por lo visto, Aguado considera únicamente verdad la versión de su organización: la resistencia contra el fascismo. Porque, en su opinión, lo que se dilucidaba en aquél entonces era que el régimen fascista continuaría de otra forma; en cambio el PCOE luchaba  por destruir el capitalismo, cualquiera que fuese la forma que adoptara el capitalismo monopolista de Estado; tal fue su análisis y entendía que a través de las “Juntiñas” – Junta Democrática propugnada por el PCE o la Plataforma liderada por el PSOE – se traicionaba a las clases trabajadoras y populares.

Los camaradas del PCOE actual gustan de hablar de los años 70 porque de esos años aprendimos a asimilar que ningún partido, hasta que no se demostrase lo contrario, podía arrogarse ningún liderazgo, y aprendimos a luchar contra cualquier modo de represión que se cebara sobre los combatientes sociales y políticos. Y lo aprendimos porque en nuestras filas también hubieron camaradas que se pudrieron en las cárceles fascistas con más de treinta años de prisión, bastantes camaradas. Pero también los hubo anarquistas, socialistas, republicanos, y todos merecían nuestros respetos. Estas experiencias nos enseñaron que el capital, premonopolista y monopolista, democrático burgués o fascista, no está sometido a unos cánones tan estrictos por los cuales se rige para seleccionar a sus perseguidos. Bernstein o Proudhon, por recordar a los revisionistas más significados de la historia, fueron perseguidos por el capitalismo premonopolista como tantos miles en todo el mundo, que han pertenecido a escuelas reformistas, demostrando que la condición de preso, aun siendo totalmente respetable para un revolucionario, no da crédito de certeza política y, mucho menos, de fidelidad a los principios marxistas-leninistas.

A partir de ahí el PCOE ha dado muestras más que suficientes de denunciar la represión contra todos los antisistema, como se comprueba en nuestros mítines y actos públicos donde en muchas ocasiones hemos proclamado que en nuestro país existen comunistas y nacionalistas de izquierda en las cárceles y, todavía más, hemos colocado sus nombres y apellidos en primera página. No diríamos toda la verdad si ocultásemos que este sagrado deber revolucionario que hemos cumplido y continuaremos haciéndolo, no es, lamentablemente, causa común. Pero lo mismo que defendemos la libertad por convicción revolucionaria, no nos detendremos al reprochar que nadie, por el hecho de tener militantes en prisión, se arrogue el privilegio de ser el ombligo del mundo y por ello crea estar en la posesión de la verdad.

Los militantes del PCOE no miran solo hacia atrás para regocijarse de una trayectoria impoluta. Por el contrario, miramos hacia atrás con la alegría de haber desbrozado un camino que era muy espinoso, porque el PCOE ha tenido que rectificar posiciones inherentes a la crisis del Movimiento Comunista Internacional, porque después de oponerse a la conciliación de clases, el partido introdujo la consigna de profundizar en la democracia, si bien por medio de luchas legales y extralegales. Pero en Mayo de 1987, tras el reingreso de Líster en el PCE, se celebró el XIII Congreso por parte de quienes optaron por la continuidad del partido. Dicho Congreso acordó la resolución de enmendar el programa y se adoptaron posiciones respecto al Parlamentarismo, como también acerca de la vía pacífica al socialismo que dieron al traste definitivamente con la consigna “profundización de la democracia”. Recientemente ha aparecido en nuestra página web, debidamente actualizado, el artículo “La falacia del Parlamentarismo” que data del mismo Mayo de 1987, en el que se aprecia ya la ruptura con aspectos revisionistas.

Por eso, cuando Aguado dice de “pasada”: Por cierto, en aquella época el PCOE defendía la “democratización de España”. Ese “etapismo” del que les gusta hablar últimamente a todos estos grupos, es el que ellos profesaron por mucho tiempo. De todos modos, “etapistas” o no, hay una regla general en el revisionismo: quedarse solo en los papeles”  , no tenemos más remedio que sonreír, porque nadie como el propio PCOE ha sido tan crítico consigo mismo. Lo hemos recogido en infinidad de documentos, pero si nuestros impugnadores quieren una demostración tangible, les invitamos a que lean nuestra Revista “Teoría Socialista” nº 4, en donde pueden encontrar un artículo titulado: “Breve historia del Movimiento Comunista Europeo” que tras recoger un párrafo al respecto del Programa de 1984, dice lo siguiente:

El PCOE nace pues, desde las profundas entrañas de la crisis del Movimiento Comunista Internacional (como el Partido del autor del libelo que refutamos) y según se puede constatar en la reseña precedente, se impregnó de su extravío político, pues propugnaba la “profundización” de la democracia, para avanzar hacia una democracia más desarrollada: La República Democrática y Popular, ruta “directa” para arribar en el socialismo en un solo proceso ininterrumpido. En esta dirección, se comprometió a modo de objetivo fundamental inmediato a fortalecer las instituciones burguesas, a llevar a cabo la democratización del sistema capitalista hasta el final, porque sólo así preveía que se tendría que acceder a un Estado Democrático y Popular y seguidamente al socialismo. El “truco” consiste en emplear genéricamente el término “democracia” con el fin de evitar tener que aclarar que se trata de la democracia burguesa y que lo que se pretendía era fortalecer a ésta, en pleno Capitalismo Monopolista de Estado, es decir, cuando la gran burguesía había completado el proceso de democratización de la misma sociedad burguesa, porque en definitiva, es la clase a la que corresponde llevarla a cabo”

A partir de ahí, y después de un recorrido de ningún modo cubierto de rosas, llegamos a nuestro XIV Congreso, en cuyo informe político reconocimos sin ambages que después de muchas traiciones, el partido se mantuvo a través de un finísimo hilo compuesto por 5 camaradas de Sevilla.

Fruto de los análisis y rectificaciones de conductas inveteradas, ha brotado impetuoso un nuevo PCOE, implantado ya en varias provincias y regiones de todo el Estado más en Catalunya. Un PCOE cuyos miembros del Comité Ejecutivo, junto con la Secretaría General, no sobrepasa la media de edad de 35 años y es una dirección totalmente proletarizada.

Nuestra joven dirección, toda la militancia actual del PCOE, ha examinado minuciosamente ese pasado tenebroso que constituyen los años de transición y posteriores. Tal como decíamos al principio lo hemos hecho en varias ocasiones con conclusiones afortunadísimas. Así que para el PCOE contemporáneo, en aquéllos años se agudizaron todas las contradicciones que existían en el Movimiento Comunista Internacional.

En su virtud, podemos hoy responder a Aguado, y a sus colegas, que la realidad de la época es muy distinta a la que ellos pintan y describen. Las diferencias fueron muy gruesas, más que la simple interpretación del carácter político de la “sociedad” que devino de la transición, es decir, si lo que existe en el estado español es fascismo o democracia burguesa. Las influencias de la decadencia del Movimiento Comunista Internacional en el Estado español fueron enormes. Mientras una parte asumía que la contradicción fundamental en el mundo era la que se daba entre el imperialismo y el socialismo, expresión máxima de la lucha de clases entre el capital y la fuerza de trabajo otros, entre los que se contaba la organización de Aguado, por el contrario hablaban de tres mundos y del social imperialismo soviético. En consecuencia, lo que emanaban eran dos comportamientos diametralmente opuestos, pero que la historia ha sentenciado como equivocados. Mientras que la parte antisoviética justificaba todo, hasta la concomitancia China-EEUU en una serie de países para aplastar los Movimientos de Liberación Nacional por el hecho de que los soviéticos ayudaban a dichos movimientos, la otra santificaba el régimen soviético más allá de lo pensable. No cabe duda que ambas posiciones determinaron sus concepciones sobre el estado español y la forma de luchar que había que adoptar.

Para el joven PCOE no supone ningún esfuerzo continuar hablando de aquellos tiempos, pero sólo para aclarar sus posiciones al respecto; sin embargo, Aguado y sus compañeros están obligados a reivindicar constantemente esos años porque, de lo contrario, no se podrían explicar y no tendrían ninguna justificación para su situación actual. Esa necesidad vital que siente su organización de hablar constantemente del ayer, les lleva a entablar la discusión entre fascismo o democracia burguesa para probar la justeza de su táctica “revolucionaria” ¿De qué estamos hablando? ¿En los años 70 existían las condiciones para una guerra revolucionaria? Para los que ignoraban el estado de las masas es evidente que sí, pero al fallar los vaticinios se encontraron que después de cada disparo, y al mirar a su alrededor, todo lo que veían eran callejones oscuros, sin masas en combates, sin que ni siquiera el proletariado supiese de la existencia de “su vanguardia revolucionaria” ¿Leninismo?

Que la táctica fue equivocada, lo ha demostrado la historia. Que no quieren aceptar esta realidad histórica, allá ellos, pero para nosotros demuestra una ceguedad política total y una gran dosis de revisionismo que les lleva al precipicio. Porque aunque se aceptase que estamos en el fascismo ¿significa que han cambiado las condiciones objetivas y subjetivas por el mero hecho de su calificación? Fascismo o democracia burguesa, esta maldita sociedad ofrece un mínimo de legalidad que hay que aprovechar, por donde introducirse, y siguiendo la teoría de Lenin, hay que estar utilizando lo oficial y lo ilegal en nuestras luchas; hay que educar a las masas para las grandes luchas y adiestrarlas en todo tipo de combate. Hay que construir órganos de Poder Popular. Hay que desbrozar el camino para la Dictadura del Proletariado sin etapismo; aunque esta palabreja no les guste a nuestros impugnadores. El Partido tiene que saber actuar en la superficie y en las profundidades, pero todos estos jamás alejados de las masas.

¿Es esto lo que persigue la organización de Aguado? No, porque no ha madurado en sus análisis, porque no ha salido de las oscuras catacumbas de la quiebra del Movimiento Comunista Internacional, porque continúa sin reconocer que la contradicción fundamental en el mundo es la que se da entre imperialismo y socialismo, o sea, entre el trabajo asalariado y el capital. Para ella la contradicción fundamental de la que dependen todas las demás es la que existe entre Imperialismo y los estados -para nosotros puro revisionismo- muy cercano a la tesis del Mundo Multipolar, expresión del nuevo revisionismo que invade los documentos de un sinfín de Partidos, especialmente en América Latina, porque de esta contradicción no emana directamente la Dictadura del Proletariado como salida cardinal y única de la situación actual; aunque ellos no lo reconozcan.

Lo que para Aguado es un acto de valentía resulta ser revisionismo puro y duro. Lo que Aguado reivindica es una quimioterapia que le mantenga vivo. Ah, en cuanto a su sentencia:hay una regla general en el revisionismo: quedarse solo en los papeles”  tenemos que reconocer que es totalmente acertada,  imaginamos que se aplicarán el cuento.

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)

 

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A la clase obrera, al pueblo trabajador

 Según el último Boletín Oficial del Estado – burgués español, los sindicatos del régimen capitalista adscritos a la CSI imperialista , recibirán vía PGE, un monto cercano a los 9 millones de euros durante este año de 2013 (entre UGT y CCOO). A tal inyección de capital suministrada de forma tan “altruista” por la burguesía monopolista –cargada sobre las espaldas del pueblo trabajador, hay que añadir decenas de millones más provenientes de subvenciones menos directas como las derivadas de la participación de éstos sindicatos en los órganos consultivos del Estado, así como múltiples partidas financieras procedentes de otros tantos órganos estatales – Entes Públicos, CCAA, INSS, INEM , e incluso supraestatales –CES, CSI, Tripartita.

En apenas un ejercicio contable, los aparatos sindicales del régimen – cínicamente autodenominados como “representantes mayoritarios” de no se sabe qué , son capaces de amasar ingentes cantidades de capital cuyo origen no es otro que la tesorería general del Estado. Una extraordinaria mordida que los convierte, en su repugnante accionar diario, en meras correas de trasmisión de la clase dominante. Un verdadero maná de euros destinados a regar de infamia a unos “sindicatos” convertidos en meras empresas capitalistas nacionales que, según sus propias fuentes, a duras penas pueden arrogarse hoy día la “representación” de poco más de 1 millón de asalariados a lo largo y ancho del Estado español (en un país que ha llegado en su punta a más de 17 millones asalariados).

Más de 30 años colaborando en la explotación y depauperación constante del proletariado, bien valen unas decenas de millones de euros anuales. Con crisis o sin ella, la clase dominante sabe valorar el buen trabajo de sus más fieles aliados en todos los frentes –económico, político e ideológico por más que estos se esmeren por sobrevivir al descrédito, la corrupción y el parasitarismo más lacerante, mientras chapotean en la putrefacta superestructura burguesa del régimen capitalista.

Decía Marx que “el ser social determina la conciencia social” y que en el modo de producción capitalista, base y superestructura se interrelacionan, siendo la primera –la base económica, las relaciones de producción dominantes, la que acaba moldeando la segunda. Así pues, resulta del todo natural que las jerarquías de los sindicatos antiobreros, no sólo defiendan a ultranza este régimen criminal adorando en los altares del santo capital a sus patrones y mecenas de la “marca España”, sino que también hagan lo propio respecto a las superestructuras imperialistas europeas a las que tan a gusto sirven y de las que a fin de cuentas depende su supervivencia. Al fin y al cabo, es la UE-CES-CSI el verdadero motor de la guerra de clases desatada contra el conjunto de la clase obrera continental así como la perfecta máquina militar para subyugar pueblos enteros, y el carrusel de organizaciones sindicales a élla adscritas, no representan más que la “cara B” de la dictadura capitalista que padecemos. Cabe no olvidar que el cofre del tesoro que mantiene vivos a estos parásitos al servicio de la burguesía, tiene sede en Bruselas.

Tal panorama sindical similar en buena parte de todos los Estados miembro la UE, pone de manifiesto que en este corroído Estado burgués español, instrumento de guerra constante contra el proletariado y clases populares, la reconstrucción del sindicalismo de clase y antiimperialista sigue siendo una urgencia perentoria. Cuando más falta hace, cuando más necesario es, cuando más vital es la unidad de acción y la elevación de la lucha económica hacia la política de millones de trabajadores, cuando más urgente es arrinconar y liquidar de raíz al oportunismo en el movimiento obrero, debilitado en todos los frentes y en todas sus manifestaciones. Hoy más que nunca es imprescindible la conformación de un sólido sindicato obrero y unitario que entronque con el movimiento popular y la vanguardia política del proletariado, a fin de crear las estructuras de poder obrero que hagan posible la destrucción de la explotación asalariada y de las relaciones de producción capitalistas. Un sindicato que persiga la supresión de la explotación del hombre y que sea internacionalista y se funda a las estructuras antiimperialistas de la FSM, asumiendo con firmeza y determinación la principal contradicción del momento actual que vivimos entre imperialismo y socialismo (capital/trabajo).

Actualmente, el capitalismo monopolista de Estado en España –tal y como sucede en buena parte de Europa, ha desarrollado las fuerzas productivas en grado máximo, situación que nos señala como las condiciones objetivas para llegar al socialismo, sin etapas intermedias, ya están dadas. Nunca antes hubo tantos trabajadores asalariados ni estos tuvieron mayor capacitación en este país, nunca antes el núcleo productivo del Estado estuvo concentrado en tan pocas manos en todos los sectores de la economía española, nunca antes el capital arrancó mayores porcentajes del PIB, ni el IBEX-35 y sus satélites acapararon mayores beneficios privados a costa del trabajo social ajeno, extrayendo monstruosas plusvalías en base a la propiedad privada sobre los medios de producción. La explotación capitalista ha alcanzado cotas desconocidas, mostrando innumerables síntomas de descomposición que señalan los límites históricos de este modo de producción agotado y corroído por sus propias leyes y contradicciones universales, por su indisimulable carácter reaccionario.

Hoy constatamos como el capitalismo, en su etapa superior, queda desnudo ante la realidad material que vivimos, exhibiendo su incapacidad manifiesta para satisfacer las necesidades sociales más básicas de millones de trabajadores.

Tras un largo desarrollo, con sus inevitables procesos de expansión y retroceso, bien entrado el siglo XXI, el imperialismo sólo puede ofrecer, a millones de trabajadores, mayores índices de sobreexplotación y desempleo, mayores dosis de miseria y degradación al conjunto del pueblo trabajador. A cada crisis capitalista sobreviene una mayor y más brutal escasez para las masas laboriosas, mientras la abundancia más aberrante inunda las arcas de la oligarquía financiera y la de sus servidores políticos, mediáticos, judiciales y sindicales. Estando las condiciones objetivas maduras para el socialismo, son las subjetivas las que no caminan acordes al momento histórico que vivimos. La clase trabajadora se encuentra huérfana de los instrumentos más esenciales para parar el golpe y pasar de inmediato a la ofensiva, pagando un precio altísimo en forma de sufrimiento y degradación sistemáticos. Huérfana de las herramientas históricas indispensables para su emancipación social definitiva; no sólo se hace imprescindible la reconstrucción del sindicato de clase del proletariado en una Central Sindical Única que contribuya a romper en mil pedazos el oportunismo en el movimiento obrero, sino el fortalecimiento del Frente de Masas en nuestros centros de trabajo y barrios, así como la consolidación del arma más efectiva de los explotados y oprimidos para destruir de raíz la maquinaria estatal burguesa; el Partido Leninista.

El proletariado no es ni puede ser una “idea” ni una foto fija ni una caricatura estandarizada. Es un sujeto histórico revolucionario moldeado tras largas décadas de explotación, un cuerpo social real y vivo del que forman parte millones de individuos. Una formación social que ostenta una posición común en el proceso productivo capitalista, desprovisto de medios de producción y por tanto obligado a vender su fuerza de trabajo a la burguesía propietaria para poder sobrevivir y seguir alimentando el ciclo original de acumulación del capital (D-P-M-D´). Desde las grandes migraciones del campo a la ciudad y el colapso de la manufactura artesanal en las grandes ciudades feudales y hasta hoy, la clase obrera ha sufrido modificaciones sustanciales, transitando desde el naciente capitalismo (revolucionario) hasta llegar a sus formas monopolistas actuales (reaccionario), manteniéndose la lucha de clases como motor de la historia y acrecentándose la irrefutable contradicción entre explotadores y explotados.

Vivimos inmersos en la época de la crisis general del capitalismo como modo de producción agotado, la clase obrera no puede permanecer ni un minuto más como clase pasiva y desorganizada, y no lo estará en tanto recobre sus instrumentos imprescindibles que han escrito las páginas más gloriosas e indelebles en la historia del movimiento obrero y comunista internacional. En tanto recobre su papel como sujeto que se prolonga a lo largo de la historia, que se resiste a la atomización social, redescubriendo su papel como protagonista social, consciente del valor de su trabajo. En tanto sepa analizar y valorar las ricas experiencias del pasado, desde las nacientes insurrecciones en el capitalismo naciente, pasando por la Comuna de París de 1871 y hasta llegar a la Gran Revolución de Octubre de 1917. He ahí las tareas inmediatas del Partido como vanguardia política proletaria.

El proletariado, como sujeto revolucionario, debe estar en movimiento, organizado y plenamente consciente de su fuerza como clase explotada, siendo plenamente consciente de su papel central como único creador de riqueza. Sabedor de que esa misma riqueza generada le es enajenada por una minoría de oligarcas monopolistas que no pueden evadirse en su carrera hacia la maximización de beneficios, hacia la formación e incremento constantes de capital. Sabedor que ese capital y esa burguesía no puede obtener ganancias de otra forma que no sea extrayendo plusvalía a través, precisamente, del trabajo asalariado, de la explotación proletaria. ¡Esta es nuestra fuerza indestructible que tan denodadamente trata de ocultar la ideología dominante! La capacidad económica para frenar en seco los engranajes capitalistas, la capacidad política para tomar el poder en nuestras manos, la capacidad ideológica para dar la puntilla a un régimen caduco basado en la explotación y la opresión del ser humano y construir el socialismo.

El Partido Comunista Obrero Español tiene la firme convicción de aspirar a convertirse en el Estado Mayor del proletariado, en su más eficaz, firme, disciplinada y abnegada vanguardia política. En el más sólido pilar proletario que base su accionar mediante la aplicación teórico-práctica del socialismo científico, a través de la concepción materialista del mundo y el desarrollo integral del método dialéctico. En la más férrea organización leninista, orgullosa heredera de aquellos bolcheviques que tomaron el cielo por asalto en nombre del proletariado y los desheredados del mundo. El PCOE, a través de su práctica diaria y del socialismo científico, asume con firmeza su política de masas y llama a la clase obrera a poner fin a esta situación insostenible, a organizar el poder popular en nuestros centros de trabajo a través de la Asamblea de Comités, Delegados y Trabajadores, a levantar las estructuras en nuestros barrios y centros estudiantiles consolidando el Frente Único del Pueblo. Hace un llamamiento a reconstruir con urgencia una Central Sindical Única que luche sin descanso por transformar de raíz la cruda realidad antiobrera que vivimos.

Un proletariado fundido a su Partido Leninista, organizado en torno a una Central Sindical Única obrera y antiimperialista y sólidamente engarzado a las clases populares en base a las estructuras de un poderoso Frente Único del Pueblo, no puede más que garantizar la destrucción total y absoluta de la barbarie capitalista, garantizando el triunfo histórico de la revolución socialista. No hay otro camino. No hay otra salida. La historia es clara al respecto. Conciencia política como clase en sí y para sí y organización popular, o esclavitud asalariada y miseria para nuestros hijos. Socialismo o barbarie capitalista.

La tarea irrenunciable de los comunistas en el momento actual que vivimos, no puede ser otra que organizar la revolución socialista.

¡Por las Asambleas de Comités, Delegados y Trabajadores y el Frente Único del Pueblo, construyamos poder popular!

¡Construyamos socialismo!

¡Viva la lucha de la clase obrera!

 

Comisión de Movimiento obrero y de masas del Comité Central del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)

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Comunicado de solidaridad con la asamblea antirrepresiva de Jaén

 Siguiendo un plan preestablecido, la subdelegación del gobierno en Jaén pretende descabezar el movimiento estudiantil de la provincia, imponiendo multas económicas a sus líderes, cuya cuantía supera ya los 5000 euros. Táctica diseñada con la intención de que cunda el pánico entre los jóvenes, lo cual demuestra que el capitalismo no desdeña ninguna posibilidad legal e ilegal para imponer su dictadura.

EL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL exhorta a sus militantes y a la FJCE para que continúe su lucha sin desfallecer, a la par que se solidariza con la Asamblea Antirrepresiva de Jaén haciendo nuestro su Comunicado de fecha 9 de Agosto que dice:

Desde la Asamblea Antirrepresiva de Jaén queremos denunciar públicamente la escalada represiva contra el movimiento estudiantil emprendida por la Subdelegación del Gobierno de Jaén, con el Subdelegado Lillo a la cabeza, y con la ayuda indispensable de la Comisaría de la Policía Nacional de nuestra ciudad.

Ya son más de 20 los compañeros y compañeros sancionados. La cuantía de las multas asciende a más de 5000 euros.

Se ha multado a estos compañeros y compañeras por solidarizarse con el compañero detenido tras la manifestación del 9 de mayo en defensa de la educación pública. Algunos compañeros y compañeras han sido multados por recibir una tunda de palos por parte de la Policía Nacional y la Policía Municipal. Otros compañeros y compañeras han sido multados por pedir en la puerta de la Comisaría que el compañero detenido no hiciera noche en la misma. Hay que recordar que las multas han recaído sobre personas que estuvieron durante todo ese día luchando por una educación pública, gratuita y de calidad, y en contra del sistema educativo que quieren imponer los que mandan, en el que solo van a poder estudiar los hijos y las hijas de los ricos.

Además, las multas se han enviado en pleno mes de agosto, con toda la mala fe del mundo, pues se sabe que durante este mes, debido a las vacaciones, es más difícil acceder a las asesorías jurídicas y es más difícil realizar una denuncia pública del caso. Una mala fe que no nos sorprende en absoluto, teniendo en cuenta la sarta de mentiras aireadas públicamente, sin ningún tipo de escrúpulo ni de vergüenza ajena, por parte de la Comisaría de Jaén, que, una vez más, ha querido hacer lo blanco negro, llamando “agresores” a los agredidos y tildando de violentos a los cientos de estudiantes que se tiraron ese día a la calle para defender un derecho básico: el del acceso universal a una educación de calidad.

En el fondo, con estas multas se pretende criminalizar la protesta social y la solidaridad más básica, algo que, hoy en día, no interesa al poder ni a sus representantes políticos y policiales, que nos quieren sumisos y aborregados, obedeciendo dócilmente mientras nos roban los derechos conquistados tras años y años de lucha. Por otro lado, consideramos que todas estas sanciones pretenden atemorizar a la juventud consciente y luchadora de nuestra ciudad. Para colmo, quieren reducir este proceso a un problema de orden público, cuando todas las sanciones obedecen a una decisión política más que evidente: castigar a todo aquel que se opone al poder de los que mandan.

Además es denunciable que todas las sanciones se han impuesto con identificaciones visuales y tirando de listas negras de las que la Policía se sirve habitualmente, como se ha denunciado en otras provincias de Andalucía como Sevilla [1], Granada [2] y Córdoba [3]. Este es un proceso habitual que hay que denunciar públicamente, en todos sitios, pues en la práctica da cuenta de los procedimientos que permiten al Estado operar impunemente a la hora de reprimir la protesta social.

Justo por lo anterior, se comprende que de los cerca de 200 manifestantes que pedían la salida del compañero detenido, se haya multado solo a una veintena de manifestantes, que han sido elegidos para ser las cabezas de turco en este proceso.

Por ello, desde la Asamblea Antirrepresiva de Jaén queremos manifestar públicamente que los sancionados y sancionadas no están solos ni lo van a estar; de hecho, cuentan con la solidaridad de toda la ciudadanía de bien que, consciente de la injusticia fragrante que se está cometiendo en este caso, ya está mostrando y mostrará su solidaridad y apoyo.

En ese sentido , pedimos a todos los movimientos sociales, a las gente humilde y luchadora del pueblo de Jaén, que permanezcan atentos a las movilizaciones que próximamente se convocarán por esta Asamblea para denunciar estos hechos, apoyar a todos los compañeros y compañeras afectadas y gritar, alto y claro, que luchar por los derechos de los de abajo no es ningún delito, y que tenemos mucha más dignidad que aquellos que, amparados en un sillón o en un uniforme, se creen los dueños del mundo, reprimiendo a los que luchan y bailándole el agua a los mercaderes que nos quieren doblegados y con la cabeza gacha.

Aquí, en Jaén, han dado con piedra.

¡Arriba l@s que luchan!

PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL

 

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La dictadura del proletariado y el socialismo son el único camino, la única salida.

En estos pasados días hemos podido apreciar, con absoluta nitidez, un episodio que demuestra que los intereses de los imperialistas están por encima de todo, incluyendo al Derecho Internacional al que tanto apelan para justificar sus guerras de rapiña dictado por ellos mismos. Los estados imperialistas europeos no han dudado en violentar, con absoluta impunidad, todas las normas internacionales, secuestrando al Presidente de Bolivia, Evo Morales, cerrándole el espacio aéreo y forzando a aterrizar el avión presidencial en Viena, donde la aeronave fue inspeccionada por las fuerzas represoras del servil estado austríaco buscando al norteamericano Edward Snowden, cuyo delito ha sido el haber mostrado pruebas al mundo de cómo el gobierno de los EEUU nos espía, incluyendo a sus ‘socios’ de la Unión Europea. Por lo visto socios también a la hora de espiar, a tenor de lo expresado por Snowden a Der Spiegel en semanas pasadas, donde señaló que ‘la NSA tiene alianzas en las misiones de espionaje con otros gobiernos occidentales’.

Pero nada de esto es novedoso. La ciencia marxista-leninista muestra el proceso que lleva al capitalismo a su fase monopolista y putrefacta, que es en la que hoy nos encontramos; cómo La competencia se convierte en monopolio. De ahí resulta un gigantesco progreso de socialización de la producción[1], de tal modo que el imperialismo “no tiene ya nada que ver con la antigua libre competencia de patronos dispersos, que no se conocían y que producían para un mercado ignorado. La concentración ha llegado a tal punto, que se puede hacer un inventario aproximado de todas las fuentes de materias primas (por ejemplo, yacimientos de minerales de hierro) de un país, y aun, como veremos, de varios países y de todo el mundo. No sólo se realiza este cálculo, sino que asociaciones monopolistas gigantescas se apoderan de dichas fuentes. Se efectúa el cálculo aproximado de la capacidad del mercado, que las asociaciones mencionadas se “reparten” por contrato.[2]. Esta socialización universal de la producción y la concentración de la propiedad de los medios de producción en mano de un número reducido de sujetos implica que “el yugo de unos cuantos monopolistas sobre el resto de la población se hace cien veces más duro, más sensible, más insoportable.[3]

Todo esto, no sólo lo pudo comprobar Evo Morales, también lo padecen aquellos que filtran datos que constatan la enorme opresión y la forma en que los bloques imperialistas imponen su duro yugo, su dictadura a nivel planetario, y, fundamentalmente, lo padece el proletariado de todos los países.

Hoy, con más fuerza que nunca, se constata de manera limpia y clara la perfecta caracterización realizada por Lenin sobre el imperialismo y, consecuentemente, la vigencia del marxismo-leninismo como única guía que tiene el proletariado de romper el yugo imperialista. En consecuencia, la contradicción fundamental que rige hoy en el mundo es la contradicción entre imperialismo y socialismo, y no otra.

El oportunismo, en la actualidad, difumina dicha contradicción fundamental, así como el concepto del imperialismo. Unos hablan de la existencia de un mundo multipolar, donde a algunas potencias imperialistas se las cataloga como tal – EEUU, Japón o la Unión Europea -, pero en cambio a otras potencias imperialistas no las caracterizan como tales – China, Brasil o Rusia –sino como potencias que persiguen el desarrollo de los pueblos a través de sus relaciones económicas y comerciales con otros estados, relaciones que ciertamente son imperialistas. Otras manifestaciones del oportunismo se vislumbran cuando se ubica la contradicción fundamental del mundo actual entre el imperialismo y los pueblos o cuando se cubre al imperialismo bajo el manto del neoliberalismo, convirtiendo al neoliberalismo en culpable de todo y, consecuentemente, desviando a los trabajadores de la contradicción fundamental – entre socialismo, aspiración máxima del proletariado, e imperialismo, aspiración máxima de los monopolios – y ocultando la raíz de los males del proletariado a nivel mundial: el capitalismo monopolista de estado.

Un ejemplo de esto último se visualiza con claridad en la Conferencia Europa de Izquierda Unida de 22 de junio de 2013 o en el último comunicado del Frente Cívico-Somos Mayoría, fechado en Madrid a 20 de julio de 2013, nueva formulación oportunista parida por Julio Anguita y grupos de Izquierda Unida. Estas diferentes máscaras oportunistas – con un mismo discurso – señalan como culpable al neoliberalismo impuesto por el bipartidismo, títere de banca y de la troika – como si no fueran lo mismo -, apelando a la movilización ‘ciudadana’ para desarrollar un ‘proceso constituyente’ por el que rescaten la ‘democracia’ sustraída y arrebatada a los ciudadanos por el neoliberalismo.

El mensaje trasladado a los trabajadores por parte de estos defensores del capitalismo no es que el sistema sea el responsable de sus males, sino la forma de gestionarlo, concretamente el neoliberalismo. “Una calamidad asola a buena parte de los Estados miembros de la Unión Europea destruyendo empleo, servicios públicos, prestaciones sociales y pensiones, frustrando la incorporación de las personas jóvenes al trabajo, haciendo trabajar más años y más horas semanales, impidiendo la seguridad y soberanía alimentarias, neutralizando las Constituciones Nacionales, muchas de ellas resultado de luchas antifascistas (…) Este azote es el resultado del proyecto de integración regional defendido por los partidos mayoritarios europeo, proyecto neoliberal, que desde el Tratado de Maastricht hasta el Tratado de Estabilidad Presupuestaria, concretó un verdadero golpe de Estado[4] . “(…) el neoliberalismo nos hurtó la democracia al pueblo mediante un sinfín de estrategias que incluye la deuda ilegítima, la imposición de bajadas salariales o reformas laborales decimonónicas y una grosera y tosca manipulación mediática[5].

Puesto que lo que falla para Izquierda Unida y su nuevo engendro oportunista del Foro Cívico, con Julio Anguita a la cabeza, es el neoliberalismo pero no el sistema capitalista, no es de extrañar que manifiesten que su “principal reto será intentar llegar al mayor número de personas para hacerlas partícipes de su necesario protagonismo para cambiar con su participación esa orientación capitalista[6]. Y como para estos oportunistas el problema no es el capitalismo, sino la orientación capitalista, el problema se resuelve mediante las elecciones burguesas siendo ellos los que introduzcan la orientación capitalista necesaria, un ‘capitalismo con rostro humano’ por el que se rescate la ‘democracia hurtada por el neoliberalismo’ como contraposición al bipartidismo. “Este sufrimiento, dolor, humillación e indignación obedece a una causa política: la de la Unión Europea y su orientación desde el año 1992 por la socialdemocracia y la derecha europea. El PSOE y el PP, con el apoyo de las derechas nacionalistas, son coautores y responsables de haber trasladado a Europa el Consenso de Washington[7]“(…) hoy las personas quebrarían con su voto al bipartidismo (PP-PSOE), responsable en lo que le toca de esa orientación neoliberal del proyecto europeo, podríamos deducir que se dan condiciones objetivas para que una fuerza política como Izquierda Unida, la única de carácter estatal que denunció las consecuencias antisociales del primer peldaño de la Europa de los Mercaderes, el Tratado de Maastricht, y los sucesivos Tratados, pueda popularizar en mejores condiciones la necesidad de poner fin a la política neoliberal de la UE y el actual Consenso de Bruselas en torno a un Programa Alternativo a defender en las elecciones europeas de 2014[8]. “El FCSM llama a desmontar el sistema político del bipartidismo que sustenta a la corona y abrir un proceso constituyente que entre otras cosas sustraiga el poder al Rey y su Corte de 40 empresarios y la devuelva a la ciudadanía[9]. “El Frente Cívico Somos Mayoría hace un llamamiento a todos los movimientos sociales y políticos para sostener y hacer crecer la participación ciudadana, de manera que se encamine hacia un proceso constituyente[10].

Como se puede comprobar, estos oportunistas socialdemócratas están engañando al Pueblo Trabajador con el único objetivo de salvaguardar a la clase social a la que pertenecen y sirven, la burguesía; así como su sistema económico, convirtiéndose en su chaleco salvavidas. Ahora, cuando la burguesía española está plenamente integrada en los distintos bloques imperialistas económicos y militares, dicen pretender iniciar un proceso constituyente, algo de lo que abjuraron en 1978 lo que entonces era el PCE tragando con la Constitución – Reforma de las Siete Leyes Fundamentales del franquismo – y, consecuentemente, con el Capitalismo monopolista de estado. ¿Pretenden acabar con esto? Evidentemente no, primero porque no es posible dar vuelta atrás de la concentración y el monopolio al capitalismo ascensional, pues el desarrollo de éste dio a luz y produce al capitalismo monopolista; es como pretender hacer que un río, en vez de desembocar en el mar, vuelva hacia atrás a su nacimiento. Esto simplemente es imposible, sobre todo porque los monopolios son más potentes económicamente que los estados – que no son más que sus delegaciones que reciben y cumplen disciplinadamente las órdenes enviadas por las agrupaciones imperialistas mundiales – que están dominados y al servicio de ellos. Pero es que además, no es intención de estos oportunistas socialdemócratas de IU cambiar una coma lo establecido, como ellos mismos reconocen cuando su clase social los saca a pasear en foros de economía donde tranquilizan a los monopolios en momentos previos a las elecciones. Para ello basta leer a Cayo Lara cuando en la campaña electoral de los comicios del 20 de noviembre de 2011 señalaba que “el planteamiento estratégico de IU está contemplado en la Constitución Española (…) Al socialismo o casi al socialismo se puede llegar con la Constitución, ya que los artículos del 128 al 131 hablan de la planificación de la economía, del acceso de los trabajadores a los medios de producción, de que el Estado puede tener una banca pública y nacionalizar empresas[11].

La función del oportunismo de IU-PCE, como de Anguita y su engendro, es el de hacer albergar falsas esperanzas a los trabajadores de poder conquistar la justicia social y conquistar mayores cotas de democracia bajo el manto del capitalismo. Deforman sus conciencias, traicionan y engañan al Pueblo Trabajador opositando para gestionar la dictadura del capital a la par que abren falsas expectativas de solución a los problemas de la mayoría obrera dentro del marco del capitalismo. No dudan, como hemos visto, en hablarnos de combatir el neoliberalismo, de reformas fiscales, de democratizar todo – desde el Banco Central, al sistema financiero pasando por las grandes empresas – y poner más barniz democrático, pero todo ello manteniendo la base capitalista y, consecuentemente, la propiedad privada sobre los medios de producción, ello es sacrosanto.

El marxismo-leninismo responde a estos farsantes y a sus políticas de engaño y traición al proletariado, que sirven de cortafuegos al capitalismo monopolista de estado y a la burguesía, pues ésta y sus esbirros oportunistas, como hemos podido apreciar por gran parte de lo expresado, se ven obligados a recurrir a la hipocresía y denominar ‘poder de todo el pueblo’ o democracia general, o democracia pura (burguesa), a la república democrática, al régimen que en realidad impone a las masas trabajadoras la dictadura de los explotadores, la dictadura de la burguesía (…) Perolos marxistas, los comunistas la desmienten y expresan a los obreros y masas trabajadoras, sin ambages, toda la verdad: en la práctica la república democrática, la Asamblea Constituyente, las elecciones populares, etc., significan la dictadura de la burguesía, y para que el trabajo se libere del yugo del capital no hay otro camino que sustituir esa dictadura por la dictadura del proletariado, única forma de gobierno que podrá emancipar a la humanidad de la esclavitud que le impone el capital, de las mentiras, falsedades e hipocresías de la democracia burguesa que rige para los ricos y brindar democracia para los pobres, es decir, lograr que los obreros y campesinos pobres tengan verdadero acceso a los beneficios que otorga la democracia, mientras que ahora (incluso en la república burguesa más democrática) la enorme mayoría de los trabajadores no puede en la práctica disfrutar de semejantes beneficios [12]. Mientras la base económica sea capitalista, mientras los medios de producción estén en manos de la burguesía, el estado estará en poder de ésta siendo un instrumento de dominación y sometimiento mediante el cual impondrá su yugo, su dictadura contra el proletariado. Ante ello, lo que nos dicen estos filibusteros socialdemócratas tipo Cayo Lara es que el planteamiento de su organización es la Constitución de 1978, o lo que es lo mismo, la base económica capitalista.

El marxismo-leninismo muestra quién es el sujeto para acabar con este sistema de explotación y opresión y señala el camino, tapando toda esa palabrería falsa de los chalecos salvavidas del Capital, con IU a la cabeza, por la que se le oculta a la clase trabajadora la naturaleza de clase de esta guerra en la que está inmersa contra la burguesía, vaciando por completo esa naturaleza clasista del problema; así como les cierra sus sucias bocas oportunistas, siendo tajante en que el problema no se solventa dentro del capitalismo, que no es una orientación capitalista la que falla sino el sistema, desde su raíz, desde su base económica a la superestructura que ésta eleva. “Porque no hay otro medio que la dictadura de la clase oprimida para salir de una sociedad en la que una clase impone su yugo a otra. Porque el proletariado es la única clase capaz de vencer a la burguesía y derribarla, es la única clase que el capitalismo ha unido y ha ‘adiestrado’, y está en condiciones de hacerse seguir, o, por lo menos de ‘neutralizar’ a esa masa de trabajadores vacilantes que viven como pequeñoburgueses. Porque los bondadosos pequeñoburgueses y filisteos son los únicos que pueden soñar esas fantasías con las que engañan a sí mismos y a los obreros: que es posible derribar el yugo del capital sin pasar por una larga y difícil etapa de lucha para aplastar la resistencia de los explotadores (…) el único medio de desbrozar el camino que conduce al socialismo es el de sustituir el Estado burgués, así sea la república burguesa más democrática, por un Estado del tipo de la Comuna de París (sobre el cual Marx tanto habló y que Scheidemann y Kautsky desfiguraron y traicionaron), o por un Estado como el de los soviets. La dictadura del proletariado librará a la humanidad del yugo del capital y de las guerras[13].

Pero la traición de IU y del engendro creado por Julio Anguita para con la clase trabajadora no termina ahí, en desorientarla, en hacerle albergar falsas esperanzas de solución dentro del marco imperialista, en movilizarla en la consecución de objetivos políticos que mantengan intacta la base capitalista. El meollo de la traición se constata cuando ese proceso de desorientación se centra en el objetivo de negar al proletariado como sujeto revolucionario, así como su misión histórica, en el objetivo de malformarle su conciencia de clase, de sembrar el anticomunismo y alejar al Proletariado de su ideología – el marxismo-leninismo – y el de atacar a su alma y su arma más eficaz, el Partido Leninista. Los Julios Anguitas de turno no son más que ‘intelectuales’ prostituidos y rendidos a la causa de la burguesía, piezas importantes en su maquinaria ideológica y antiobrera.

Desde el Partido Comunista Obrero Español denunciamos a estos enemigos de los trabajadores que se han convertido en la tabla de salvación de la clase burguesa y su sistema de explotación. Como la ciencia marxista-leninista señala, únicamente el socialismo como base económica y la dictadura del proletariado como forma de estado, puede resolver los problemas que hoy asolan a la mayoría trabajadora y acabar de raíz con este sistema explotador generador de desigualdad, miseria y violencia. Las condiciones objetivas no sólo están dadas, el desarrollo de las fuerzas productivas es inmenso y el proletariado hoy está lo suficientemente instruido y preparado como para dirigir la producción y desarrollar el socialismo; pero para que esto sea posible, la clase, como tal, debe resolver las cuestiones subjetivas, siendo el Partido la respuesta consecuente con la lucha de clases y el instrumento vital en la lucha de clases que transforme la psicología en conciencia de clase. Por ello, estos enemigos jurados de la clase trabajadora no dudan en desarrollar lucha ideológica creando todo tipo de organización que niegue a la organización leninista, que haga que el trabajador no tenga conciencia de su clase, sembrando en éste desclasamiento, anticomunismo, individualismo y escepticismo. Izquierda Unida o el Frente Cívico de Anguita, movimiento el segundo que no es más que la negación del primero evidenciando la contradicción y el oportunismo de Anguita, son movimientos creados en la dirección de recoger al trabajador con psicología e impedir que adopte conciencia de clase, conciencia revolucionaria, en definitiva, subterfugios cuyo único objetivo es engañar al obrero y alejarlo de su Partido, al que los oportunistas niegan y atacan con la máxima virulencia.

El PCOE, fiel a las enseñanzas del marxismo-leninismo, asevera sin fisura alguna que la única salida que tiene el proletariado y demás clases populares maltratadas por el sistema capitalista, es la construcción del socialismo y con ella el Poder de la mayoría trabajadora, o lo que es lo mismo, la dictadura del proletariado. Para ello, para conseguir que las clases populares, dirigidas por la clase obrera, se emancipen y liberen de las cadenas capitalista, el Partido Comunista Obrero Español está comprometido en el desarrollo y la construcción de instrumentos de poder popular; ya sea en las fábricas y centros de trabajo – unión de los comités de Empresa y Delegados – como en los pueblos y en las ciudades – Asambleas Populares donde la unión de todas ellas converjan en el Frente Único del Pueblo. Ambos, armas del proletariado para luchar contra el capitalismo e instrumentos de intervención política y social de los explotados hoy , pero a la par embriones de los órganos de Poder Popular de la sociedad futura, de la dictadura de los explotados contra los explotadores, que únicamente puede acabar con esta barbarie capitalista que somete y asesina socialmente a millones y millones de obreros, pequeños campesinos, artesanos, y que nos niega tener un presente y un futuro.

 

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)

 


 

[1]: VI. Lenin. Obras Escogidas en tres tomos, tomo 1. Imperialismo, Fase Superior del capitalismo, pág. 381. Editorial Progreso. Moscú 1961.

[2]: Ibídem.

[3]: Ibídem.

[4]: Izquierda Unida. Documento Base Conferencia sobre Europa. Págs. 1-2.

[5]: Por la dimisión del Gobierno con Rajoy al Frente y para la apertura de un proceso constituyente. Mesa Estatal Frente Cívico – Somos Mayoría, 20 de julio de 2013.

[6]: Izquierda Unida. Documento Base Conferencia sobre Europa. Pág. 2.

[7]: Ibídem, pág. 8

[8]: Ibídem, pág. 2

[9]: Por la dimisión del Gobierno con Rajoy al Frente y para la apertura de un proceso constituyente. Mesa Estatal Frente Cívico – Somos Mayoría, 20 de julio de 2013.

[10]: Ibídem.

[11]:Al socialismo se puede llegar con la Constitución española“.  http://www.rebelion.org/noticia.php?id=137445

[12]: V.I. Lenin: “Democracia” y Dictadura. Obras Completas, Tomo XXVIII, pág. 368, Ed. Política, La Habana, 1964

[13]: Ibídem, pág. 370-371


 

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La falacia del parlamentarismo

La historia del movimiento obrero mundial ha puesto de relieve la multiplicidad de formas en la lucha política del proletariado: Desde la participación en las elecciones al parlamento, a los ayuntamientos o a otros órganos del Estado hasta las manifestaciones de masas; desde la utilización pacífica de la tribuna parlamentaria hasta la lucha revolucionaria por el poder.

Los comunistas siempre hemos admitido y aceptado esta diversidad de formas. Pero ello no nos ha eximido de decidir, en cada coyuntura política, cuál de estas formas debe ser utilizada como preponderante y cómo organizar las demás formas para apoyar a ésta.

Desde Marx hasta mediados de los cincuenta del siglo pasado, los comunistas utilizaron el parlamento como una tribuna desde la cual proclamaban las reivindicaciones de la clase obrera, sometían a crítica el régimen burgués y se dirigían a las amplias masas. Al mismo tiempo que defendían, frente a los anarquistas, la necesidad de servirse de la lucha parlamentaria, los comunistas denunciaban las ilusiones parlamentarias de los elementos reformistas, conforme a las cuales, las tareas de la transformación socialista podían resolverse por medios parlamentarios.

Pero desde mediados de los cincuenta, y al calor de las llamadas vías pacíficas al socialismo, esta posición fue sustancialmente modificada por la parte euroccidental del movimiento comunista.

Desde entonces ha prevalecido, en esa parte del movimiento comunista internacional, la tesis de que el parlamento, que surgió como instrumento de dominación de la burguesía y de afianzamiento del régimen capitalista, podía utilizarse en el período de crisis general del capitalismo y bajo determinadas condiciones (unión entre socialistas y comunistas, existencia de un poderoso movimiento extraparlamentario y de masa dirigido por el partido de la clase obrera y la intensificación de la lucha por el socialismo y la paz) para resolver las tareas revolucionarias, para llevar a cabo la transformación socialista de la sociedad. La acción parlamentaria ha constituido en las últimas décadas la forma principal de la lucha política empleada por la parte del movimiento comunista euroccidental. Una forma que sin abandonar su carácter principal, en el curso de los años, ha ido ganando preponderancia respecto a otras, hasta el punto de subordinarlas absolutamente e incluso suprimirlas.

Hoy, la vía parlamentaria constituye el punto de coincidencia estratégica común a todo el movimiento comunista euroccidental con independencia de que algunos de sus partidos componentes se proclamen del socialismo del siglo XXI, marxistas revolucionarios o marxistas-leninistas. La diferencia entre unos y otros consiste en que para los primeros el parlamento burgués ya expresa la voluntad de la mayoría del pueblo, lo cual hace innecesario ningún tipo de dictadura del proletariado, mientras que para los últimos la utilización de la vía parlamentaria en la marcha hacia el socialismo puede conducir a la creación de nuevas formas de la dictadura de la clase obrera, bajo las cuales el parlamento, transformado en el curso de la lucha revolucionaria, sea el portavoz de la mayoría del pueblo.

Por nuestra parte, no negamos la validez que en determinados momentos haya podido tener la lucha parlamentaria para los intereses del proletariado, ni excluimos la diversidad de formas de la lucha política. Sin embargo, existe una diferencia notable entre nosotros y la mayor parte del movimiento comunista euroccidental respecto a la forma principal de lucha política que debemos emplear los comunistas en los países occidentales de Europa.

Estimamos que ni el parlamento burgués -defendido por los exponentes reformistas y revisionistas del movimiento obrero contemporáneo-  expresa la voluntad popular, ni creemos que la vía parlamentaria hacia el socialismo – que defienden los partidos que se reclaman del marxismo-leninismo- pueda conducir a ninguna forma de dictadura del proletariado, en la cual el parlamento pueda transformarse en portavoz del pueblo.

Para el PCOE la utilización de la vía parlamentaria como forma preponderante de la lucha no conduce ni a la dictadura del proletariado ni al socialismo. Esa vía nos conduce al reformismo y a la plena integración en un sistema político que, pese a representar la forma más avanzada del poder burgués, ha llegado al límite de su evolución histórica sin perder su naturaleza clasista y afectada de una profunda crisis que tiene en la realidad del Parlamento su mayor evidencia.

De hecho, la institución parlamentaria que nos presentan hoy como el órgano que expresa la voluntad popular y otros como el órgano que en el curso de la lucha por el socialismo puede transformarse en portavoz de esa voluntad popular, no es más que una “realidad” moribunda que día a día se revela más impotente para evitar la reducción de sus derechos y funciones a la mera formalidad. Una formalidad que se expresa con nitidez meridiana en aquellos países europeos donde el desarrollo capitalista ha alcanzado un alto nivel.

En esos países, entre los que inevitablemente hay que incluir a España, al crecer el área de intervención del Estado en las esferas económica y social, el Gobierno ha ido asumiendo cada vez mayores facultades para dictar normas jurídicas que invaden de forma creciente, campos que en otras fases de la historia del parlamentarismo parecían acotadas por el supremo poder del Parlamento.

Hoy, las opciones en que se expresa realmente el poder político (decisiones de inversión, gestión de servicios, políticas salariales y relaciones internacionales) corresponden al Gobierno y escapan en la mayoría de los casos a la discusión y control del Parlamento. Ese poder real del Gobierno es transferido a la estructura burocrática que se extiende desde la administración estatal hasta la empresa pública.

La burocracia estatal, cada día más cuantiosa, se ha asegurado a escala cada vez más vasta funciones de dirección y control, económica y social. Dispone de unos poderes efectivos de tal envergadura, que precisamente su existencia y actividad dirigente y organizadora tiende a ser el modo más específico de desautorización del Parlamento e incluso, en última instancia, del propio Gobierno.

Por otra parte, y como reconoce cualquier jurista serio, una legislación complicada – cargada de tecnicismos refinados e inasequibles para la mayoría de los ciudadanos y, también, para aquellos parlamentarios que no tengan una sólida formación jurídica -es elaborada y reglamentada por comités de expertos, que atrincherados en órganos de la Administración, ejercen un poder real que escapa a todo control político. Surge así una especie de despotismo tecnocrático que expresa el autoritarismo del Estado burgués y que reduce a la formalidad las funciones controladoras del parlamento. Las manifestaciones más notorias de este fenómeno consisten en el escaso parentesco existente entre los programas generales o la ideología de las fuerzas políticas y el ejercicio real del poder estatal.

Igualmente, las funciones de control del Parlamento sobre el Gobierno son hoy más formales que nunca, como lo ha demostrado la comparecencia última de Rajoy en el senado para dar explicaciones sobre su inocencia o implicación en las corrupciones del PP. Y es así desde el momento en que el Gobierno está compuesto por los miembros del partido que ostenta la mayoría parlamentaria y en esos partidos existe la disciplina del voto.

Por último, la transferencia al plano internacional en proporciones casi absolutas en decisiones económicas y políticas, que en fases anteriores al desarrollo capitalista era competencia de organismo e instituciones nacionales, ha ido acentuándose inevitablemente como consecuencia de la integración mundial del capitalismo, lo cual ha reforzado los nuevos aparatos supranacionales en detrimento de la “soberanía popular” y de su máximo órgano de expresión, el Parlamento.

En tales condiciones consideramos que presentar el Parlamento burgués como el órgano desde donde el pueblo realiza su voluntad política a través de sus representantes electos, es una absoluta falta de rigor, sólo comprensible por razones de cobertura ideológica o por meras necesidades de supervivencia profesional de algunos de nuestros políticos.

La concentración de poderes en el ejecutivo, la omnipotencia de la burocracia estatal y el reforzamiento de los aparatos supranacionales, han limitado las funciones de los parlamentos euroccidentales a la ratificación formal de leyes elaboradas y desarrolladas, en la mayoría de los casos fuera de él, por una burocracia que escapa a su control y que actúa siempre subordinada a las necesidades del capitalismo.

Por todas estas razones el Partido Comunista Obrero Español considera que el Parlamento, que en el curso de la historia no ha podido evitar la reducción paulatina de sus funciones y derechos hasta transformar éstos en puro protocolo, no puede ser, como tampoco antes lo fue, el órgano desde el que se extienda la democracia y mucho menos que ese órgano, de existencia puramente formal, pueda transformarse en un órgano de la dictadura del proletariado, como algunos “marxistas-leninistas” defensores de la vía parlamentaria afirman.

Desde hace muchísimo tiempo hemos escuchado de muchos dirigentes comunistas del occidente europeo que la actividad parlamentaria de los partidos comunistas constituía un poderoso freno a la acción de las fuerzas reaccionarias, a la par, que abría nuevos surcos para la clase obrera en su marcha hacia el socialismo. Pero hoy en 2013, cuando el conjunto de la sociedad eurooccidental está poderosamente influida por las corrientes conservadoras, bien surgidas en los países europeos, bien importadas de los EE.UU, cuando se vigorizan las tendencias abiertamente fascistas en países como Inglaterra, Francia, Italia o la propia España, cuando han desaparecido del horizonte eurooccidental las perspectivas de un próximo acceso al socialismo para algunos de estos países o cuando se ven reducidos los propios márgenes de la democracia burguesa, pese a la acción parlamentaria de los comunistas eurooccidentales, el mensaje de nuestros dirigentes resulta completamente extraño a nuestra realidad.

Para el PCOE, el acceso al socialismo en los países europeos de capitalismo avanzado se producirá como en todos los países donde ha acontecido anteriormente, mediante el surgimiento y desarrollo de una ruptura revolucionaria. Una ruptura revolucionaria orientada a la sustitución del parlamentarismo, como sistema del parlamento, como forma de organización del poder político. Sustituidos por un sistema único de representación popular que abarca todos los órganos de poder, desde los supremos a los locales, unos órganos en los cuales los poderes legislativos y ejecutivos queden concentrados en manos de los representantes del pueblo y que estén dotados de una funcionalidad efectiva.

El Partido Comunista Obrero Español considera que la actividad parlamentaria de los comunistas, no debe constituir el aspecto principal de su lucha. Esa forma de lucha política debe ser relegada a un segundo plano, pero además recuperar su función clásica, la que Marx y Lenin expresaron en multitud de ocasiones, puesto que también para nosotros, la cuestión no es que las movilizaciones de masas faciliten la función reformista, por mucho verbalismo radical que se emplee, de los parlamentarios comunistas. Eso lo hemos hecho durante décadas y nos hemos quedado sin movilizaciones de masas y con raquíticas representaciones parlamentarias limitadas al ejercicio burocrático de la oposición, que en definitiva nada deciden. Para el PCOE, la cuestión es estimular la organización y las movilizaciones de masas (Frente Único del Pueblo – FUP) que algún día tendrá que pasar por encima del parlamento e incluso por encima de algunos de nuestros “camaradas” parlamentarios.

PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)

 

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Sobre el circo de los enemigos del pueblo celebrado el 1 de agosto en el Senado

Mientras la clase trabajadora del estado español se desangra con más de seis millones de parados, la precariedad cabalga a galope tendido y los obreros son despojados de sus viviendas, saqueados por el estado y por los empresarios, auténticos dueños de dicho estado; los políticos del sistema a sueldo de la burguesía tuvieron ayer una cita parlamentaria en las dependencias del Senado para parlotear sobre el caso Bárcenas y la financiación ilegal del Partido Popular.

Si algo quedó claro en dicho debate es que a los políticos del sistema les importa absolutamente nada la situación y los problemas del proletariado y los distintos sectores que lo componen; al igual que también quedó meridianamente nítido que todos ellos son corruptos.

La base de defensa del Presidente del Gobierno fue la apelación a la presunción de inocencia y el y tú más, no dudando en pasarle por la cara al Partido del GAL – PSOE – su financiación ilegal. La esencia corrupta de este sistema quedó ayer claramente retratada en el Senado y todos los partidos defensores de este sistema capitalista tienen sus casos de financiación ilegal como por ejemplo Pallerols (Unió Democràtica de Catalunya), Gürtel (PP), Filesa (PSOE), Caso ERE (PSOE), Invercaria(PSOE), Caso AVE (PSOE), Naseiro (PP), Tragaperras (PNV), Casinos (Convergència Democràtica de Catalunya), Palau de la Música (Convergència Democràtica de Catalunya), Caso Cuiña (PP), etcétera, por no hablar de las condonaciones de préstamos y donaciones realizadas por las grandes empresas a los distintos partidos del Capital. Y es que el estado está corrompido desde el Jefe del Estado, puesto a dedo por Franco, hasta los sindicatos del sistema al servicio de la Patronal, CCOO y UGT.

El cinismo, la hipocresía y la sinvergonzonería fue la constante del ‘duelo’ parlamentario de ayer, para mayor bochorno de los trabajadores y sus familias que sufren todos los embates de estos sicarios de la banca y los monopolios. Rajoy ha demostrado no tener ni escrúpulos ni vergüenza cuando ha apelado a la presunción de inocencia para salvar su cara, una cara que es la de un sistema cuya médula es la violencia, el robo y la explotación, donde al trabajador se le niega todo y al explotador y al ladrón se le dan todo tipo de facilidad. Esa presunción que pide Rajoy para él es la que su sistema, y sus leyes, le niegan al obrero cuando le roban al obrero todo tipo de derecho, cuando concede al Empresario la potestad para cometer todas las fechorías que le venga en gana con absoluta impunidad ¿Qué presunción de inocencia le otorgan las leyes del Partido de Rajoy y de Bárcenas a los obreros despedidos? NINGUNA, por el contrario otorgan al burgués la prerrogativa de ser juez y condenar al obrero al despido.

Bárcenas, gerente durante casi 20 años en el PP y tesorero, no es más que un ejemplo de lo que se cuece en los partidos del sistema: admitir dinero de los empresarios para que los cargos públicos sirvieran a los intereses de éstos; esta es la fórmula que rige en el capitalismo y el papel que juega el estado burgués y sus partidos. Este dirigente del Partido Popular amasó en base a esta práctica una fortuna multimillonaria y evadió capitales a cuentas en Suiza, Uruguay, etcétera.

El espectáculo ignominioso de ayer mostró al Pueblo trabajador que ni este sistema ni sus instituciones burguesas nos sirven. ¿Acaso un burgués va a reconocer que es un ladrón? ¿Acaso la moral del burgués no está forjada en el robo, la injusticia y la explotación? Estúpido es el que piensa que ello va a acontecer. Estúpido, o traidor cuando se aceptan el sistema capitalista y las instituciones burguesas y en ellas se implora al Presidente del Gobierno “que dimita y convoque elecciones generales para darle la voz al Pueblo” ¿Acaso bajo este sistema el Pueblo Trabajador tiene voz cuando está despojado de absolutamente todos los medios que están en manos de la burguesía? El oportunismo de IU nuevamente salió a relucir como chaleco salvavidas de este sistema explotador, como esperanza regeneradora de una democracia burguesa que, como decía Lenin, es la mejor y más eficaz máscara que puede adoptar el estado burgués y que mayores beneficios y dominación otorga a la clase burguesa. Mientras los trabajadores no mandemos al estercolero de la historia al capitalismo y su estado y construyamos el Socialismo y elevemos su superestructura jamás tendremos ni democracia, ni libertad ni justicia, sino todo lo contrario.

Todos los canallas congregados ayer en el Senado son antiobreros y defensores a ultranza de los intereses del Capital, cuya hegemonía política está definida en la Constitución de 1978 que concreta la implementación del estado. El resultado de ello es un estado que le roba todo al Pueblo y que le otorga toda la impunidad al explotador y al corrupto, donde los tribunales sentencian a los obreros en las Magistraturas e indultan a los corruptos, banqueros y empresarios.

El Comité Ejecutivo del Partido Comunista Obrero Español hace un llamamiento a toda la militancia a desplegar la política de masas expresada en nuestro Programa para, junto con el proletariado y todos los sectores sociales que lo componen, desarrollar el Frente Único del Pueblo a través del cual defendamos e impongamos nuestros intereses de clase, habida cuenta de que las instituciones burguesas no tienen otra misión que robarnos y oprimirnos. Los trabajadores no tenemos más salida que construir el Socialismo e imponer el dictado de la mayoría trabajadora.

¡POR EL FRENTE ÚNICO DEL PUEBLO! ¡POR EL SOCIALISMO!

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E)

 

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