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Filosofía contemporánea

“Contubernio antimarxista”

 Coincidiendo con el desarrollo “esplendoroso” del capitalismo, desde hace tres décadas surgen inevitablemente concepciones filosóficas con la pretensión de demostrar que la lucha de clases ha desaparecido, refrendada posteriormente por el fracaso del socialismo y apoyada en la supuesta eliminación de las barreras que han distanciado tradicionalmente a las teorías de la izquierda de las de la derecha.

 La derecha predominante se ha adentrado en el terreno de la izquierda y le ha robado sus “esencias” y sus “valores”. Dando por sentado que el “Estado del bienestar social” satisface económicamente, mas allá de las necesidades vitales, a toda la población, afirma que los conceptos igualdad, justicia etc., en los que se parapetaba el marxismo para enarbolar su bandera, no pueden tener ya el mismo significado ni tampoco el mismo contenido. Recordemos que el marxismo defiende con ahínco que para lograr la igualdad política, previamente, hay que alcanzar la igualdad económica. Ahora pues, el obrero no piensa en la igualdad económica. Una vez que se le ofrece la oportunidad de cubrir cuanto necesita para vivir material y espiritualmente, a lo que aspira es a la igualdad de trato, a la igualdad formal.

 La igualdad de trato, la igualdad de oportunidades, van en todo momento cogidas de la mano con la justicia y la moral. Las escuelas filosóficas contemporáneas más importantes, contemplan estas categorías, tal vez con apreciaciones, sugerencias y por consiguiente, con razonamientos dispares; aunque en el fondo confluyen en la negación de la lucha de clases, en la impugnación del marxismo.

 Para el “utilitarismo”, las clases no son importantes, es el individuo, del que hay que sustraer su utilidad para provecho de todos. En la utilidad está la igualdad. Partiendo de la premisa del bienestar social dado, Derek Parfit, se preocupa de la población con el rasero de la utilidad y se pregunta si es moral, o si tenemos el deber moral de aumentar la población, puesto que significa disminuir sensiblemente el bienestar de cada individuo. Esta es una visión metafísica de la realidad porque en ella el bienestar es estático y nos viene dado. De esta forma el paro y la pobreza no es culpa de las contradicciones del sistema de producción capitalista, es más bien la consecuencia del individuo inconsciente que procrea amoralmente.

 Las personas se miden por su utilidad y en nombre de ésta se puede cometer todo tipo de atropellos sin menoscabo de la moral. A finales de los 80 Hare y John Mackie representantes de la filosofía utilitaria mantuvieron un debate en el que Hare, en virtud de la utilidad máxima, sostenía que una persona, aún poseyendo una cantidad enorme de recursos, podía apoderarse con codicia del recurso de otra u otras personas; aunque solo tenga ese recurso, sin perder moral y sin cometer una injusticia, si tiene “muchos amigos” con los que compartir tales provechos.

 Por su parte, el concepto de la igualdad liberal alcanza su máximo desarrollo hacia el 1971 con la propuesta de Rawls, pero es posteriormente con la caída de la Unión Soviética cuando logra su punto álgido. En Rawls la justicia se vincula al reparto igualitario de todos los bienes de la sociedad, que puede ser transgredido cuando las desigualdades, o el reparto desigual benefician a los menos favorecidos. Es indudable que la igualad liberal relaciona a los individuos como iguales, pero no por la supresión de todas las desigualdades, sino solamente de las que supuestamente perjudican a alguien. Lógicamente, debemos comprender que el capitalismo no es pernicioso por sus desigualdades, basta con “rectificar” o “controlar” alguna que sea perjudicial, que quedará a criterio de la clase burguesa en el poder.

 En otra dirección, podemos observar que el centro vital del libertarismo es su ardorosa defensa de la libertad. Contrario siempre a cualquier límite que reduzca la libertad, considera que el capitalismo neto es un sistema caracterizado por la ausencia de restricciones a la libertad. Por consiguiente, cualquier acto que limite o controle el mercado restringe la libertad. Anthony Flew define el libertarismo opuesto a cualquier limitación social y legal sobre la libertad individual. Para él el Estado del bienestar es aquel que decide consecuentemente entre la libertad y la igualdad, en aras de del desarrollo, entendiendo por libertad el mercado libre y la igualdad las restricciones del Estado del bienestar sobre el mercado. Por supuesto, la filosofía se jacta en propugnar que la libertad está por encima de todo, incluso de la igualdad. Así pues, el Estado no puede entrometerse en el mercado para no interferir en su “libertad”

 Durante este período, las corrientes filosóficas descritas y otras de menor calado, han venido a reforzar las superestructuras del sistema capitalista en vigor, pero de ningún modo se han contentado con la función de interpretarlo y legalizarlo, o sea, de reflejar la realidad económica en las cabezas pensantes, también han desempeñado un papel muy activo en la consolidación y desarrollo de unas bases anárquicas con el firme propósito de incrementar las riquezas de los poderosos, estimulando a la tecnocracia económica para moralizar sus propuestas antipopulares. La ha proveído de sofismas y subterfugios adecuados con los que argumentan y justifican la codicia. La legitimación ética de la explotación burguesa allana, como no, el camino para arremeter sin compasión a un marxismo, cuyo estandarte, el Movimiento Comunista Internacional, no supo o no ha podido, sumido en proceso decadente, repeler sus desaforadas críticas ya libre de todo camuflaje. Los filósofos pasan de la defensa y apología del sistema burgués, a la acción directa contra el marxismo.

 Con motivo del fallecimiento de Vázquez Montalbán, el escritor y director de la Biblioteca Nacional, Luís Racionero, publicó en las navidades del 2006 en el diario Mundo, un artículo, pequeño libelo contra Marx, en el que aduce a modo de de argumento de cargo, que la filosofía del renegado Poper había superado el marxismo.

 Si nos hiciésemos caso de Poper, el capitalismo tiene asegurada su existencia eterna, pues su filosofía no se opone abiertamente a las causas de los males. Considera a Marx utópico por pretenderlo. Los males no hay que atajarlo de raíz, sino disipar sus efectos. No hay que buscar la felicidad socavando los motivos de la infelicidad actual, de todas formas no conocemos la felicidad. En correspondencia a la filosofía de Poper se nos pide que no acabemos con las diferencias entre ricos y pobres suprimiendo a los ricos, sino elevando a los pobres. Como se ve no solo es utópico, sino reaccionario y muy beneficioso para las clases capitalistas.

 Ocultos tras las espesuras y oscuridades de la justicia, una serie de filósofos lanzan ya definitivamente sus dardos al “corazón” del marxismo: la explotación del hombre por el hombre, que Marx prueba con la teoría del valor. Will Kymlicka, profesor de filosofía de la Universidad de Toronto se pregunta “¿es cierto que la justicia liberal permite que unos exploten a otros?” Luego se responde asimismo que depende del modo en que se defina la explotación. Más adelante dice: “… la explotación marxista ¿Tiene algún significado moral? ¿Es decir, implica el hecho de que alguien se aproveche injustamente de otro? “

 Tras juegos malabares con la retórica, el profesor intenta demostrar que es discutible que el trabajador esté explotado. Según la teoría marxista, en su opinión y en la de los filósofos que relaciona en su obra “Filosofía política contemporánea”, el trabajador se lleva parte del valor creado por él y el capitalista otra parte, pero:

 “Si la tecnología cambia de un modo tal que un objeto puede fabricarse ahora, con la mitad del trabajo antes requerido, la teoría del valor trabajo sostendría que el valor del objeto se reduce a la mitad, aunque cuando la cantidad de trabajo empleada permanezca idéntica. Si la teoría del valor trabajo fuese cierta, el trabajo real utilizado por el trabajador resulta irrelevante”…

 De lo que se deduce que al ser insignificante el valor producido, también lo será la parte que se lleva el capitalista y por tanto la explotación, si existe, es mínima, pero “…no hay nada injusto en ofrecerse a aportar el trabajo de uno a los demás”

 Es obvio, el progreso tecnológico hace que el tiempo de trabajo empleado en un producto sea menor que antes, pero ¿qué sucede con la plusvalía, base de la explotación? Sin duda se multiplica infinitamente, por tanto la explotación es mayor que antes de introducirse la nueva tecnología. Sin embargo, al multiplicarse la cantidad de productos elaborados por el obrero, menor será la parte que reciba del valor originado por su trabajo.

 Finalmente, Kymlicka dice que no hay nada injusto en ofrecerse a aportar el trabajo de uno a los demás. Dicho así, el trabajador no tiene necesidad y por tanto ni se ve forzado a trabajar, lo hace por amor al arte. Al respecto Kymlicka expone:

 “Entendiendo la explotación en el sentido corriente del término, ¿puede decirse que la transferencia forzada de plusvalía es una relación de explotación? Esta afirmación resulta muy poco sólida y demasiado radical. Es muy poco sólida en el sentido de no considerar explotación el trabajo asalariado que no es, estrictamente hablando, forzado”.

 Es decir, el trabajo asalariado no está explotado, porque no es estrictamente forzado por el burgués, o lo que es lo mismo, el capitalista no pone un puñal en la espalda del trabajador para que le trabaje, es el trabajador el que se ofrece. ¿Es esto cierto? No, no es verdad, la sociedad capitalista, los capitalistas en su conjunto, fuerza al asalariado a mendigarle un trabajo porque de lo contrario morirían de hambre él y su familia, si esto no es violencia, qué otra cosa puede ser.

 Contrariamente a lo que nos dice el sentido común, la filosofía idealista y reaccionaria, no tiende a aminorar en sus refutaciones antimarxistas con el advenimiento de la crisis, si bien, es cierto que, algunas de sus proposiciones son negadas por la nueva realidad; sin embargo, su capacidad para encontrar nuevos recovecos con los que superar las influencias negativas de la crisis es infinita. Por sí sola no se repliega, está concebida para salvaguardar la honorabilidad del sistema en todo trance. Su actividad es constante y a prueba de fuego, sobre todo, si no tiene adversaria, o si su adversaria está dormida.

 No obstante, es sintomático que el Movimiento Comunista Internacional, supremo representante del materialismo militante, ha sido capaz de ponerle cerco en otras condiciones. Las carencias que este presenta en la actualidad por causa de no haberse repuesto aún de la profunda crisis que le afecta desde hace décadas, permite la regeneración de la filosofía idealista así como su expansión. Por todas estas razones la recomposición del Movimiento sobre la base de los principios marxistas-leninistas, deja de ser una necesidad para convertirse en una obligación ineludible de todos los partidos.

 

COMISION IDEOLÓGICA DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)




La salida es revolucionaria

Al comienzo de la presente crisis el PCOE se posicionó debidamente frente a quienes acusaban al neoliberalismo y al sector financiero de ser los culpables de la misma. Advertíamos que un estudio tan somero llevaría a las fuerzas revolucionarias a confundir las causas con los efectos y las conducirían hasta el campo del reformismo, pues con aplicar determinadas reformas, sin atacar a las estructuras del capitalismo, sería suficiente según las conclusiones que se desprendían de los análisis realizados.

 

Para el PCOE estuvo claro desde el principio que la crisis iba a ser lo que está siendo, muy profunda y muy duradera, porque a la sobreproducción de bienes, la verdadera causa, le precedía el cerrojazo en falso de la anterior crisis muy cercana en el tiempo todavía: deuda desorbitada de EE.UU, escasez de reservas energéticas, larga duración de la crisis de Japón sin haberse saldado aún, el deterioro que habían sufrido, especialmente las bancas alemana y francesa que en el proceso de expansión del imperialismo europeo financiaron la implantación de la gran burguesía europea en los mercados donde se resentían EE.UU y Japón, pero que a la hora de ir recuperando el dinero invertido, estos mercados no pudieron responder. Además, la irrupción de China, Rusia, Brasil e India en los mercados internacionales exacerbaban las contradicciones interimperialistas. Decíamos pues que la competitividad, la lucha por el mercado, generan, como así fue, una gran sobreproducción, no porque no hubiesen consumidores, sino por su bajo poder adquisitivo real, confirmando la teoría marxista al respecto. El hecho de que haya roto por los sectores inmobiliarios y financieros no significa que éstos sean sus orígenes; son sólo expresiones primarias de la crisis que terminó extendiéndose a todos los sectores económicos de la sociedad.

 Como consecuencia de nuestros análisis previmos que en esta crisis la burguesía se lo jugaba todo, especialmente en Europa, dondeel desarrollo desigual entre los estados miembros es muy notable y puede repercutir negativamente en la estabilidad de la unión como también cuestionar su existencia. La burguesía ha declarado, pues, la guerra a los trabajadores y a los pueblos. No tiene otra opción.

 Así fue que, a tenor de lo expuesto, promovieron “levantamientos” reformistas que tenían la misión de canalizar el descontento popular de las naciones más débiles con la intención de aplacar las iras de las masas obreras y de paso “refundar el capitalismo”. Este camino no tiene más fin que dejar a las clases trabajadoras y a los pueblos sin recursos legales donde agarrarse. Los derechos y libertades iban a ser degradados y abolidos para permitir al capitalismo pasar de largo por el calvario de su crisis, de la que los expertos y gobiernos no tienen ideas de cómo salir y de cuándo se acabará. Es decir, la burguesía internacional, antes de que el descontento masivo derive en acciones de clase de gran calibre que puedan abrir un proceso revolucionario, decide aplastar al proletariado universal y evitar que durante los años que durase la crisis se ocasionasen levantamientos populares revolucionarios.

 Una vez más, el PCOE sale al paso de quienes esperan con ilusión que los movimientos reformistas, PCE-IU y partidos pseudos-comunistas agrupados en el PIE europeo, que no impugnan las bases del capitalismo ni demandan la desaparición de las organizaciones supranacionales de los monopolios continental y mundial (UE, FMI…), como también los llamados movimientos espontáneos sin estructuras orgánicas, sin dirección y con objetivos burgueses y que a estas alturas de los tiempos tanto embaucan a sectores anarquistas e izquierdistas, puedan ser la salida de las clases trabajadoras y populares. Por el contrario, el camino iniciado nos conduce, inevitablemente, en línea recta al fortalecimiento de la burguesía y al debilitamiento de los trabajadores.

Para el PCOE continua en vigor el Frente Único del Pueblo, que ha de aglutinar a las clases que objetivamente están destinadas a combatir al capital monopolista y a su Estado como son: trabajadores de la ciudad y del campo, inmigrantes, mujer trabajadora y ama de casa, juventud estudiantil y trabajadora, pequeños agricultores, autónomos e intelectuales, que bajo un programa de cambios estructurales anticapitalistas, emprendan resueltos movilizaciones y todo tipo de actividad continua que abran el proceso revolucionario que exige la situación política y social actual.

 En esta dirección saludamos las conclusiones extraídas durante los debates producidos en la reunión celebrada en fecha reciente en Montemayor (Córdoba) a la que asistieron organizaciones políticas, sindicales y sociales, entre ellas nuestro partido, que representan a Comités de Empresas, pequeños agricultores, braceros y otros con la intención de configurar un amplio frente en Andalucía de las clases populares.

 Por supuesto, celebraremos, impulsaremos y apoyaremos todas las iniciativas que en este sentido surjan o existan en el Estado y no desdeñaremos ningún esfuerzo destinado a darle continuidad y a agruparlas en un sólo frente estatal.

Comité Central del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)




Las reflexiones de Toxo

Después de cuatro años de crisis, los acontecimientos que se suceden con gran celeridad nos dicen que aún está muy lejos su “salida”. Los eruditos en economía se han convencido de que es mejor no jugar a los vaticinios sobre su duración, que después dejan en mal lugar su reputación de tecnócratas, pues todos los pronósticos han resultado erróneos. Ahora no conviene crear ilusiones en un pueblo harto de soportar las iras de un gobierno, totalmente entregado a la gran burguesía. Interesa más que las clases populares sean conscientes de que las soluciones no llegan después de severas reformas, para hacerlas a la idea de que aún son necesarias otras más radicales y dramáticas.

 

 Las masas necesitan, como el aire que respiran, noticias alentadoras y si no son posibles, demandan vías para solucionar sus gravísimos problemas de quienes tienen en sus manos la capacidad de consolarlas. Por ejemplo, los sindicatos mayoritarios. Para bien o para mal, todo cuanto digan o hagan los líderes de CCOO y UGT suscita expectativas o desolación. De cualquier modo los artículos, comunicados, entrevistas a sus dos secretarios, marcan pautas, son referencias que nos ayudan mucho a la hora de saber por dónde se van a dirigir gobierno y patronal. Las reflexiones de Toxo en la Gaceta Sindical de CCOO toman especial importancia después de que el gobierno impusiera la última reforma que regulará la negociación colectiva entre patronal y trabajadores. ¿Qué nos pueden decir los sindicatos? ¿Estamos en las puertas de acciones de envergadura que nos ilusionen en recuperar el terreno perdido? El título que ha elegido Toxo para su artículo publicado en el num. 16 de dicha Gaceta: Reivindicarnos y repensarnos: sindicalismo, trabajo y democracia” puede hacer pensar que algo gordo pasa en el sindicato que le impele a rectificar su línea reformista, su política de pactos y de no confrontación con el poder establecido.

 Lamentablemente, el sindicalista no escribe para los trabajadores. Sus reflexiones no pueden interpretarse como autocrítica de la dirección de CCOO por su trayectoria, aunque se esfuerce en asegurar lo contrario. Nada de rectificación y mucho de entreguismo es lo que promueve su lectura. El artículo es en todos sus extremos un mensaje, una petición de socorro a la patronal y al gobierno. El sindicalista advierte a sus patrocinadores que de seguirse por este camino, perderán la gallina de los huevos de oro.

 Las reflexiones de Toxo parten de una realidad incontrovertible del sindicalismo español: que está en franca decadencia, producida ésta precisamente en circunstancias en las que son las más idóneas para el fortalecimiento de una central de clase: Se han superado los 4 millones y medio de parados, mientras que alrededor de millón y medio de trabajadores se han marchado de nuestro país, unos a sus lugares de orígen y otros a la emigración. Se ha reducido fuertemente la población activa, no obstante, continúan muriendo dos obreros todos los días por las malas condiciones en los centros de trabajo sin que ningún patrón sea condenado a la cárcel. Diariamente se incoan entre 27 y 30 sumarios por desahucios, consecuencia de la falta de pago de las hipotecas debido al paro; sin embargo, los Bancos, tal es el caso del Santander, queen los cuatro años de crisis obtiene 35.000 millones de euros netos de beneficios, se quedan con las casas y exigen el resto de la deuda a sus víctimas tras haber recibido subvenciones millonarias por parte del Estado. Subvenciones que salen de nuestros impuestos y de la plus valía que extraen las empresas de la explotación de los trabajadores. Desde que apareció la crisis, todos los años son despedidas 4000 mujeres por quedarse embarazadas. Desde hace tres años la media de los salarios ha descendido un 7%. Luego nos viene a la memoria la reforma laboral, la de las pensiones y la última, que articula la negociación colectiva entre empresarios y trabajadores.

 ¿Cuáles han sido las respuestas de los sindicatos a tantos atropellos contra las clases trabajadoras?:

 ·Una huelga general a destiempo, sin convencimiento, convocada por la presión exterior.

 ·Rogativasy recogidas de firmas para convencer al parlamento de su error.

 ·Estampar sus firmas traidoras en la confabulada reforma sobre las pensiones.

 ·Reflexiones de Toxo tras la reforma de negociación colectiva

 Resulta evidente que la aparición del fenómeno 15M ha sido la señal de alarma. Y con esta apreciación no queremos decir que dicho movimiento ponga en peligro la integridad de CCOO y UGT -sería ridículo llegar a una observación de ese tipo-; no obstante, las actividades del 15M han puesto a prueba la capacidad de convocatoria de CCOO Y UGT a la vez que han echado por tierra todos los argumentos que sustentaban los sindicatos para justificar su modelo sindical basado en el entendimiento y en el pacto con la patronal:

 ·El fenómeno 15M para lo único que ha servido ha sido para desmentir el bulo propagado por los funcionarios y líderes de las dos centrales mayoritarias, que tiene la intención de excusar sus felonías con la consigna “las gentes no quieren saber nada”

 ·Las manifestaciones del 15M han sido equiparables e incluso más numerosas que las de las centrales sindicales en muchos lugares. Ejemplo: las del Primero de mayo que fueron ridículas pese a que los sindicatos cuentan entre ambos con cerca de 250.000 delegados.

 ·En las concentraciones del 15M se ha exteriorizado la mala fama que los sindicatos gozan a nivel popular.

 Toxo se ha visto forzado a descubrir las grandes debilidades de las dos centrales con las miras puestas en que la patronal y el gobierno tomen debida nota, y aunque especule con la probabilidad de que la decadencia de las centrales puede ser consecuencia de una determinada política, que les crea la fama de ser parte del Estado, a juzgar por el fondo del articulo, la alusión a tal posibilidad es para demostrar a sus protectores que el surgimiento de un sindicalismo de clase podría cambiar sustancialmente todo el panorama político y sindical. Toxo está diciendo a sus padrinos ¡O me ayudáis, o corremos el riesgo de que otros con distintas intenciones nos desborden! Porque después, expone con demasiada crueldad cuál es el problema que verdaderamente le inquieta.

 A estas alturas le preocupa la afiliación sindical porque la crisis, al arrojar al paro y a la jubilación forzada a cientos de miles de trabajadores, provoca la merma de la afiliación. Luego viene lo más importante, el “sindicalista” confiesa algo que nuestro partido ha venido denunciando como deformación; un número cada vez mas importante de delegados de las centrales en los comités de empresas no están afiliados a ellas, por lo que se teme el riesgo real de que tarde o temprano las centrales no puedan controlar los comités de empresas, lo cual sería su perdición. Este peligro aumenta en el momento en que aparecen organizaciones unitarias que intentan agrupar a los comités de empresas con la idea de romper con la división y de superar la práctica insolidaria entre sindicatos -por ejemplo en la expulsión de un trabajador-, que sólo es “defendido” formalmente por el sindicato al que está adscrito.

 ¿Qué denuncia exactamente Toxo? Los obstáculos externos que les impiden seguir existiendo como hasta ahora: los comités de empresas, a los que culpa de la escasa afiliación porque Un número significativo de trabajadores y trabajadoras no ven la necesidad de afiliarse, entre otras cosas porque saben que el Comité les va a representar por el mero hecho de participar en las elecciones, dándose la circunstancia probada de que las candidaturas del sindicato en las empresas cuentan con un alto número de personas no afiliadas y que muchos trabajadores nos votan (lo que expresa un determinado nivel de confianza) pero no se afilian (lo que supone dar un paso de mayor compromiso). Más allá de esto, ¿el modelo representativo actual se ajusta a las necesidades que plantea una economía globalizada? ¿No sería necesario que el sindicato asumiese en sentido amplio el gobierno de los elementos centrales de la relación capital-trabajo?”

 El dirigente de CC.OO se olvida de lo elemental en una autocrítica o reflexión cabal, los factores subjetivos, que determinan la calidad y cantidad de defectos. CCOO y UGT no pierden afiliación o no aumentan sus filas porque la estructura empresarial lo impida, o por la existencia de los comités de empresas, sino por su línea de conducta caracterizada por la traición, que genera el repudio entre los trabajadores; también por su anuencia con los empresarios y por la represión contra sindicalistas honestos, tal ha sido el recorrido seguido durante décadas digamos que desde antes del llamado período de transición que aún hoy persiste y cuya lista de fechorías y de víctimas serían interminables e imposible de detallar.

 Toxo debería pensar que los trabajadores que se presentan como candidatos de su sindicato al igual que los de la UGT sin pertenecer a ellos, lo hacen por utilizar una cobertura legal con la que poder presentarse más fácilmente a las elecciones. Otros se deciden a hacerlo porque los empresarios ven con muy buenos ojos a las dos centrales para frenar a otras alternativas. Toxo debería comprender que a los trabajadores les sean indiferentes los sindicatos, que también les tengan miedo y por supuesto los desprecien, porque se cuentan por cientos las empresas en el estado español en donde las listas de UGT y de CCOO son puestas por el empresario. También Toxo haría bien en entender que los comités de empresas se enfrenten a su sindicato cuando éste pacta a sus espaldas con el patrón. Por último, Toxo no debería “pensar” sino estar seguro que el sindicato esté considerado popularmente un ente del Estado. ¿Acaso existirían CCOO y UGT de no ser por las millonarias subvenciones estatales, dinero que parte no sólo de sus afiliados sino de todos los que están afiliados a otros sindicatos, de todo el pueblo, al que traicionan constantemente? Probablemente si el Sr. Toxo pensara todo esto comprendería también que es esto y no otra cosa lo que impide que las pequeñas empresas, muy desamparadas, los abogados y demás profesionales no acudan a la “protección” de su sindicato ¿para qué?

 Acabar con los Comités de Empresas en la actualidad es terminar tajantemente con la posibilidad de que la clase obrera se una; es eliminar la participación de otras alternativas verdaderamente de clase; supone acabar con la participación de los trabajadores, por el momento, al menos, en la elección de sus representantes; significa que funcionarios desclasados a sueldo de los empresarios decidan por los que producen; revela también que los dirigentes aburguesados manejen a su antojo todo el movimiento obrero; asegura colocar al patrón en una situación que ni soñando podía prever respecto de los trabajadores. Y por último, evidencia la continuación de la dinámica sindical de desconcienciar o malformar la conciencia de los trabajadores convirtiéndolos en sujetos pasivos y maleables.

 Dadas las circunstancias que concurren, todas adversas para el trabajador, lo justo es que CCOO y UGT propicien una amplia mesa de discusión y de reflexión acerca del por qué la patronal avanza sin frenos. Y que entre todos busquen una salida común, que en principio sería comprometerse en el respeto escrupuloso a todas las tendencias a manifestarse sin temor a la represión de la mayoría. De esta forma habría que iniciar pasos. No hay mucho tiempo para ir limpiando y ampliando el camino para construir una intersindical que termine en la Central Única de Trabajadores en vez pensar en cómo deshacerse del adversario y en cómo agradar a papá Estado. De este modo, seguro, seguro que la clase obrera y que todos los trabajadores saldríamos ganando y con ello el sindicalismo.

 COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL




Reunión en Montemayor: se llega al convencimiento de que “O NOS UNIMOS, O NOS MORIMOS”

El Día 17 de Junio se ha celebrado en Montemayor (Córdoba) una reunión convocada por el Consejo Ciudadano y Obrero, en la que han intervenido organizaciones sociales y políticas de las provincias de Córdoba, Málaga y Sevilla, cuyo objetivo ha sido el análisis de la situación sociopolítica actual.

Tras un profundo debate, las organizaciones asistentes coinciden en denunciar al capitalismo español, que por medio del gobierno de turno, bajo las órdenes del gran capital europeo (UE) y utilizando por pretexto la crisis, lleva a cabo una ofensiva desaforada y sin freno contra las clases trabajadoras y pequeños agricultores, sin precedentes en la historia contemporánea de nuestro país, cuyos efectos se materializan en el empobrecimiento de las clases populares, en la extensión de la miseria en la ciudad y el campo y en la ruina de los pequeños campesinos, así como en la supresión de los derechos laborales y políticos.

 

Se llega tambien a la conclusión de que el avance de los monopolios y multinacionales en la industria y en la agricultura y la represión económica y política es consecuencia de la pasividad manifiesta de las organizaciones populares, que se hallan muy fragmentadas, lo que hace imposible una respuesta organizada y contundente a tantos desmanes.

Por todas estas razones, a juicio de los asistentes se ve la necesidad imperiosa de dar pasos concretos para acabar con la dispersión y para ir organizando un frente único que represente al pueblo. En esta dirección se comprometen a llevar al seno de sus organizaciones el presente comunicado para que sea debatido y además con el objeto de que aporten argumentos y propuestas que coadyuven a alcanzar tales metas, pues se llega al convencimiento de que “O NOS UNIMOS, O NOS MORIMOS”.

Al mismo tiempo, el pleno de la reunión acuerda hacer un llamamiento a las clases trabajadoras y pequeños campesinos, a las capas y clases populares de Andalucía, a sus organizaciones, para que se adhieran al presente proyecto que nos permita comenzar a dar respuestas a la agresión del gran capital.


Organizaciones representadas:Consejo Ciudadano y Obrero de Montemayor, Coordinadora de Trabajadores de Andalucia (CTA) Montemayor y Malaga, COAG Cordoba, Juventudes Comunistas de Nerja, Juventudes Comunistas de Montilla, Asamblea de Comités, Delegados y Trabajadores (ACDT), Asamblea Popular de Sevilla, Partido Comunista Obrero Español (PCOE).