Huelga en el sector público: a la clase trabajadora no le queda otra que luchar

El pasado jueves, 14 de octubre, la fascista Isabel Díaz Ayuso se dirigía hacia el Pleno de la Asamblea de Madrid en los siguientes términos:
“A mí me gustaría que la…
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El pasado jueves, 14 de octubre, la fascista Isabel Díaz Ayuso se dirigía hacia el Pleno de la Asamblea de Madrid en los siguientes términos:

“A mí me gustaría que la educación fuera gratuita para todo el mundo, pero si el 50% del presupuesto va a sanidad y el otro 50% va a educación, díganme, ¿cómo va a la gente al trabajo, cómo se desplaza, cómo se recogen las basuras, qué hacemos con las residencias?”

 

Aunque aquellos que no son capaces de salir de la lucha política parlamentaria lo nieguen, estas declaraciones están perfectamente alineadas con las medidas que está tomando el gobierno central en lo que a gestión de servicios públicos se refiere. Desde el PCOE nos hemos expresado sobre ello en varias ocasiones: lo público en el capitalismo es gestión burguesa y, como tal, su fin sirve a los intereses de los capitalistas, de los monopolios.

Vivimos en una época en la que el gasto público se dispara a pasos agigantados. El Estado español ha pasado de tener una deuda de alrededor del 100% del PIB a superar ya el 120% del PIB, llegando a valores que no se registraban desde 1881. Sin embargo, a diferencia de finales del siglo XIX, esto no ha sido consecuencia de las guerras coloniales contra la independencia de las colonias españolas tanto en América o en Filipinas, ni nos encontramos todavía en aquellos tira y afloja entre el capitalismo y feudalismo. La deuda que hoy se contrae en el mundo entero no es más que la consecuencia de la perpetuidad de un sistema económico que ya está caduco y moribundo, que no tiene nada que ofrecer al grueso de la población mundial. Es el resultado del saqueo y de la estafa de los monopolios. Es por esto que, ante la desesperación burguesa por tirar lastre, lo primero en caer es el sector público.

Los recortes públicos en España, atribuidos únicamente al Partido Popular, realmente se han dado a lo largo y ancho de la historia del capitalismo monopolista de estado. Para muestra, un botón: hoy un funcionario público ha perdido más de un 40% de su poder adquisitivo con respecto a 1982. El intervalo temporal es lo suficientemente grande como para atisbar que tanto el PP como el PSOE tienen la misma preocupación por el aporte de servicios de calidad a la clase trabajadora: ninguna. Su única preocupación es servir bien a las grandes empresas, que es a quiénes se deben.

Así, por mucho que se quiera señalar a la pandemia como generadora de todos los males, lo cierto es que el progresivo deterioro de los sistemas públicos lo podemos comprobar en cualquier año y en cualquier lugar: falta de profesorado y aumentos de jornada, falta y temporalidad de sanitarios, colapsos de urgencias por enfermedades tan comunes como la gripe, cierre de plantas en hospitales, recortes salariales… El capitalismo nos lleva a que la universalidad de los servicios esenciales sea algo prescindible.

El coronavirus ha permitido que este proceso de privatización y recortes se acelere, dejando en especial vulnerabilidad a aquellos empleados públicos de diversos sectores con categoría de interinos, puesto que recientemente se ha decretado que aquellos que no tengan 10 o más años de experiencia pierdan sus empleos y sean obligados a presentarse a unas oposiciones. El llamado “Icetazo” ha tenido una fuerte contestación por parte de los trabajadores afectados a pesar de que los grandes sindicatos CCOO, UGT y CIG les han traicionado una vez más firmando dicho acuerdo que no es más que un ERE público.

Estos mismos sindicatos siguen en su línea, pues son ellos los que también han permitido los recortes gracias a su pasividad, puesto que en la práctica actúan como los Recursos Humanos de la empresa pública y privada, como cualquier trabajador sabe. Si acaso las reivindicaciones que realizan son trivialidades como manifestaciones simbólicas, negociaciones de perogrullo o huelgas aisladas en centros muy determinados y sin ninguna continuidad para no perder la credibilidad de sus afiliados, pero que sin duda a cualquier trabajador que le preocupe la situación de la plantilla de su empresa le sabrá más bien a poco. En la práctica, los llamados sindicatos amarillos, que son el propio Estado, practican la desmovilización y la desideologización de la clase trabajadora.

Sindicatos alternativos como la CUT y la CGT han organizado para el 28 de octubre una huelga del sector público, convocatoria la cual CCOO, UGT y CIG han boicoteado con su silencio.

Desde el PCOE, valoramos de forma positiva dicha convocatoria. Sin embargo, el trabajo va mucho más allá de una huelga de 24h. Es necesario el fortalecimiento de las posiciones de clase en los centros de trabajo a través de aquellos sindicatos agrupados en la Federación Sindical Mundial, de los cuales la Alternativa Sindical de Clase tiene un proyecto unitario a nivel estatal para aunar la fuerza de todos los trabajadores. Esta lucha económica debe de elevarse progresivamente hasta llegar a un programa político revolucionario, que necesariamente pasará por romper definitivamente con el capitalismo e instaurar el Socialismo como sistema socioeconómico en el que los trabajadores son dueños de los medios de producción.

Los comunistas debemos presentar batalla en esta ardua guerra de clases en todos los frentes posibles al objeto de unificarlos, en una única lucha de clases contra el capitalismo y su Estado y por la construcción del socialismo, conformando el Frente Único del Pueblo. Nuestra misión es que el proletariado recupere la conciencia que le ha sido arrebatada y comprenda que bajo el yugo del Capital no tiene ni tendrá ningún tipo de futuro. La única alternativa revolucionaria posible a la situación de atoramiento en la que nos encontramos consecuencia de este moribundo y caduco sistema explotador es el socialismo, y la clase obrera es el sujeto protagónico de la superación revolucionaria del capitalismo y la construcción del sistema superior que armonice el desarrollo de las fuerzas productivas con unas nuevas relaciones de producción. Ese sistema es el socialismo que barrerá la explotación capitalista y mandará a ese criminal sistema económico al estercolero de la historia.

 

¡Por la unidad de la clase obrera!

¡Por la unificación de todas las luchas sectoriales en una única lucha de clases contra el capitalismo y su Estado!

¡Construyamos el socialismo!

 

Comisión de Movimiento Obrero y de Masas del PCOE

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