¿Justicia feminista? El capitalismo es la barbarie, la deshumanización

El pasado día 11 de junio, los medios de manipulación de masas, al igual que los políticos del capital, se hacían eco de que se había encontrado en el mar…

El pasado día 11 de junio, los medios de manipulación de masas, al igual que los políticos del capital, se hacían eco de que se había encontrado en el mar el cuerpo de una de las dos niñas que su progenitor secuestró y, posteriormente, asesinó en la isla de Tenerife. Cuerpo de la niña que se hallaba a 1.000 metros de profundidad en el océano en una bolsa amarrada a un ancla donde todos los indicios apuntan a un parricidio cuyo móvil no era otro que el de dañar a la madre de las dos niñas. La otra niña, así como el parricida están siendo buscados en el fondo del mar.

En la televisión pública, ese mismo día, anunciaban dicha noticia y sus voceros y voceras no dudaban en coincidir en señalar a “la violencia vicaria” y al “machismo”, llamando a “expertos”. Destacado es el ejemplo de un psiquiatra y forense que no dudó en volcar la exclusiva culpa de estos casos en los sujetos, diciendo cosas tan impropias de un hombre de ciencia como que “lo mejor para que la madre atenúe el dolor es que tuviera una creencia religiosa y se vuelque en ella”. Ni que decir tiene que los sicarios puestos por los empresarios, los políticos del capital, todos y todas, no dudaban en ocultar al auténtico responsable de estas manifestaciones criminales: La formación socioeconómica capitalista.

Los fascistas no dudan en coincidir en que la receta para combatir estos sucesos es la mayor represión posible. Por un lado, los fascistas de la gaviota se recrean en que ellos impusieron la cadena perpetua revisable.

 

Sin duda este crimen, así como otros muchos, demuestran que de bien poco ha servido la receta de estos corruptos fascistas para impedir estas formas criminales de actuación.

Por otro lado, los fascistas escindidos de la gaviota, tan podridos como los primeros, esta extrema derecha del “tricornio”, no titubean a la hora de meter en el mismo saco a todo aquél que no piensa como ellos, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, para acrecentar la represión al pueblo, apostando también por la cadena perpetua:

Pidiendo una modificación del código penal para introducir todavía más represión que, como se ha podido contemplar, de bien poco sirve y este crimen es la constatación:

 

Sin duda, los energúmenos fascistas no fallan jamás: Represión y no hablar en absoluto de las causas que producen estos hechos que son la expresión de cómo el sistema capitalista corrompe, aliena y deshumaniza al máximo a la sociedad.

Pero, sin duda, quien se llevó la palma de la desvergüenza y del cinismo fue la oportunista ministra Irene Montero, la cual estuvo tan prolífica como cómplice al ocultar la raíz del problema y para ello no dudaba en disparar en múltiples direcciones siempre, con el objeto de eludir hablar de las causas, de analizar por qué se suceden estas acciones de manera continua, que reflejan la deshumanización y el individualismo máximos. Por un lado, dibuja el problema difuminándolo en una cuestión de nomenclatura, como hacen los oportunistas para desviar al pueblo del fondo del asunto. En esta ocasión le toca el turno al término “violencia vicaria”, poniendo al Estado de los capitalistas – que es el máximo responsable de lo que acontece – como solución al problema.

 

Señalándole al pueblo que la salida es el feminismo, la “Justicia Feminista”:

¿Y en qué se basa esa “Justicia Feminista”? Una nueva forma de emplear el lenguaje para engañar al pueblo, para ocultar cómo la justicia burguesa no duda en otorgar la impunidad a todas las agresiones contra la clase obrera, ya sean hombres o mujeres. Sin duda, el feminismo no es más que ideología burguesa que sirve para alienar más a la clase obrera y dividirla – confrontando al hombre y a la mujer de la clase obrera y tendiendo puentes al interclasismo -, para desviarla y ocultar al auténtico responsable de estos hechos: El capitalismo y su Estado, el mismo que Irene Montero venera.

Irene Montero reivindica al Estado burgués como instrumento para impedir los parricidios, para impedir la “violencia machista”. Según señalaba en 2015 la asociación Europa Laica, “la Iglesia Católica se financia a través del Estado con 11.000 millones de euros al año”. “Según los cálculos de la asociación, la Iglesia recibe indirectamente 100 millones de euros de la casilla de fines sociales; 2.000 millones de exenciones y bonificaciones; 4.900 millones de salarios a profesores de Religión y de enseñanza concertada; 2.000 millones de obra asistencial; 900 millones de hospitales; 50 millones de sueldos a capellanes; 600 millones de conservación de patrimonio; 300 millones de subvenciones, donaciones de suelo público, inmatriculaciones; y 10 millones de la coparticipación del Gobierno con entidades como la Obra Pía”.

El pasado mes de abril, el secretario general de la Conferencia Episcopal Española, Monseñor Luis Argüello, reveló que en los últimos 20 años la Iglesia Católica de España ha recibido 220 denuncias por abusos sexuales a menores de edad. Esa Iglesia Católica, tan amada por los fascistas y tan generosamente financiada por el Estado que, según Irene Montero es la parte fundamental para la solución de la violencia contra las mujeres, es azote contra la clase obrera en general y la mujer trabajadora en particular, a la que criminaliza con el aborto, el divorcio, la prostitución y que promulga la perpetuación de la podrida sociedad actual, burguesa, dividida en clases antagónicas donde existan explotadores y explotados y que, basándose en el Génesis, pretende que la familia sea la célula social donde la mujer no es más que un instrumento de producción de la burguesía, con la que ésta se garantiza que sobre la mujer recaiga la realización de un trabajo socialmente necesario el cual no es remunerado y de cuyo valor se lo apropia íntegramente la clase dominante, la burguesía.

La ideología reaccionaria de la Iglesia Católica – y con ella el papel subordinado de la mujer obrera y la podrida estructura de familia burguesa – está presente en las aulas de los centros públicos, donde el 63% de los alumnos matriculados son adoctrinados con la asignatura de religión, adoctrinamiento que los capitalistas certifican al 100% con la asignatura de historia, pero eso es harina de otro costal. Ni que decir tiene que es la Iglesia Católica la que vertebra la educación de la élite en las escuelas privadas, donde enseñan a los hijos de los burgueses a cómo someter y despreciar a la clase obrera y a perpetuar el régimen de explotación existente. Los centros privados y concertados, mayoritariamente en manos de la Iglesia Católica, llevan las riendas de la educación de, en torno, 2.616.000 colegiales, todo ello estimulado por el Estado.

¡Ese Estado que dice Irene Montero que es la solución al problema de la violencia contra la mujer, cuando en realidad es, como ha sido siempre, el instrumento de opresión de la burguesía contra la clase obrera y quien, como estamos viendo, financia que la Iglesia Católica sea un vector fundamental en la educación de la sociedad, mejor dicho, en el adoctrinamiento como fórmula para apuntalar y perpetuar este régimen criminal, explotador y embrutecedor!

El Estado de los capitalistas, ese que venera Irene Montero hoy, no sólo no va a solventar los problemas de opresión de la clase obrera y de la mujer trabajadora. Al contrario, el Estado es responsable de la situación en la que se halla la clase obrera y, consecuentemente, la mujer trabajadora.

De toda la basura ideológica que han vertido los políticos del Capital – defendiendo al instrumento de opresión de la burguesía contra la clase obrera, el Estado –, los oportunistas, y – defendiendo la represión más descarnada – los fascistas, ninguno de ellos ha ido a la raíz del problema. Con el parricidio de Tenerife, eso sí, han desempolvado el parricidio realizado por José Bretón en Córdoba hace unos años para justificar sus posiciones y su bombardeo ideológico contra la clase obrera. Sin embargo, ninguno de los esbirros políticos del Capital, ya sean fascistas u oportunistas, ha prestado atención a la cuestión de que el parricida de Tenerife pertenecía a la burguesía, a una familia acaudalada de la isla. Al igual que sacan a la palestra a Bretón y su doble crimen pero omiten que este parricida formo parte del Ejército Español y estuvo desplazado en Bosnia.

Marx nos enseñó que no es la conciencia de los seres humanos la que determina la realidad sino al contrario, la realidad social es la que determina su conciencia. La base económica determina la sociedad, sus valores, su cultura, el Estado, etcétera. Hoy el capitalismo, en su fase monopolista, es sinónimo de putrefacción.

El sistema capitalista hoy expresa esa putrefacción fomentando la degeneración y el vicio, el engaño, el robo, la violencia extrema. El capitalismo aliena al ser humano y lo deshumaniza, puesto que:

  • le arrebata el fruto de su trabajo,
  • le niega su condición de creador y lo convierte en esclavo de la máquina,
  • le niega el derecho al trabajo – que es la actividad social que ha humanizado al hombre al interrelacionarle con la sociedad, de tal modo que el ser humano expresa su utilidad para la sociedad y ésta le expresa su reconocimiento garantizándole los medios de vida – y, por tanto, lo deshumaniza y embrutece hasta convertirlo en un mero animal,
  • lo convierte en un lobo del resto, donde hay que competir unos con otros y los únicos lazos que se estrechan son aquellos que se fundamentan en el interés.

¿Qué reciben los jóvenes obreros hoy? Una educación deformada, donde la Escuela es la primera que no sólo inocula los valores podridos del capitalismo para que el sujeto los asuma como lo natural, sino que lo deshumaniza progresivamente al convertirse en un espacio donde la burguesía aplica su política de propaganda, no dudando en imponer un relato histórico ajeno al desarrollo histórico de las sociedades y de los pueblos, despojando al individuo de lo que realmente es, de dónde viene y, por tanto, jamás – salvo que rompa con el sistema – podrá ser más que un instrumento de la burguesía. Unos medios de comunicación que le conducen el vicio – apuestas, pornografía, drogadicción, etcétera – y que fomentan el individualismo, el narcisismo y el egoísmo, esto es, que deshumanizan completamente al ser humano.

Lo realizado por Bretón o por Gimeno no es más que la expresión más descarnada de los valores que emanan de este sistema podrido. Para ellos, la vida de sus hijos y de las mujeres les pertenece, viéndose como el centro del mundo – haciendo gala de un grado de narcisismo y egolatría exacerbados – donde el resto se tienen que doblegar a su voluntad. Las “manadas” son otro genuino producto de este sistema criminal, donde los sujetos deshumanizados absolutamente por el sistema conciben a la mujer como un insumo para autosatisfacción, el cual consumen y tiran, sin importarle lo más mínimo la dignidad humana ni la voluntad de otro ser humano que posee libre albedrío como es la mujer. Sin duda, contra los autores de estos actos infames y criminales debe caer todo el peso del castigo máximo para resarcir, si es que es posible, a la víctima. Pero el máximo responsable de estimular estas conductas criminales, la raíz del problema, está en el sistema económico y social que fomentan estas conductas y que conducen al ser humano a la deshumanización, a la alienación, esto es, el capitalismo. La raíz de la deshumanización de la sociedad y, también, de la opresión de la mujer, se halla en la existencia de un sistema de producción que se basa en la propiedad privada sobre los medios de producción que conlleva una sociedad dividida en clases sociales antagónicas, una clase poseedora de la riqueza porque posee los medios de producción y otra clase despojada de la producción de riqueza que genera porque está desposeída de la propiedad sobre los medios de producción. Estas manifestaciones criminales no son más que reflejos de la putrefacción del sistema que se irán sucediendo con cada vez mayor frecuencia, puesto que la pudrición del sistema lleva a cotas cada día mayores de deshumanización de esta sociedad tan podrida como el sistema del que brota.

Nuevamente, oportunistas – como Irene Montero – y fascistas coinciden en engañar al pueblo al objeto de que éste no vea que la verdadera razón de que estos hechos ocurran no es otro que la formación socioeconómica que defienden, el capitalismo. Ambos, fascistas y oportunistas, cada uno a su forma, no dudan en salir a defender al auténtico responsable de las acciones criminales que se reproducen cada vez con una frecuencia mayor. La salida no está en reprimir más ni en que el Estado de los capitalistas solvente el problema, pues es la raíz del mismo, sino que pasa inexorablemente por acabar con aquello que deshumaniza y pudre al ser humano, pasa por acabar con aquello que convierte a la mujer y los hijos en meros instrumentos de producción. La única salida es la socialización de los medios de producción, pasa por la abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción y la abolición de la burguesía y su régimen, que es la única manera de proporcionar las bases materiales para transferir a la sociedad no sólo toda la riqueza y el cómo se produce, sino también el conjunto de responsabilidades sociales que hoy recaen sobre la familia que, fundamentalmente, se ubican en las espaldas de la mujer, la cual realiza un trabajo socialmente necesario no remunerado cuyo valor pasa íntegramente a la clase de los explotadores, a la burguesía. Solo liquidando el capitalismo, aniquilando la propiedad privada sobre los medios de producción, se romperán las relaciones sociales y humanas de sometimiento transformándose en relaciones humanas y sociales de justicia e igualdad, de seres humanos libres. Y ello únicamente puede ser obra de la clase obrera en su conjunto, la clase obrera que está compuesta de hombres y mujeres, los cuales deben luchar juntos por la emancipación de nuestra clase social, que conlleva la emancipación social tanto del hombre como de la mujer trabajadora. El fascista es despreciable y el producto genuino de la descomposición máxima del capitalismo, pero es consciente que únicamente puede sostener su podrido sistema mediante el sometimiento y la violencia. Pero el oportunista, como Irene Montero, es aún más despreciable puesto que pretende el mismo objetivo del fascista – perpetuar el capitalismo y su Estado – y lo hace tratando de fraccionar a la clase obrera, inoculando el veneno ideológico burgués del feminismo al objeto no sólo de confrontar a la clase obrera, sino de estrechar lazos con la clase explotadora, con la burguesía, negando la lucha de clases y estableciendo el interclasismo.

 

¡SOCIALISMO O BARBARIE!

 

Madrid, 15 de junio de 2021

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)

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