La rusofobia de Lech Walesa

No es un secreto que desde el inicio de la nueva fase del conflicto entre Rusia y Ucrania los países del mundo occidental alineados con los intereses de EEUU y…
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No es un secreto que desde el inicio de la nueva fase del conflicto entre Rusia y Ucrania los países del mundo occidental alineados con los intereses de EEUU y la OTAN en Europa no han cesado a la hora de incentivar el odio hacia los ciudadanos rusos (sean académicos, deportistas, artistas, etc.), aunque algunos de ellos se manifestaran en contra de la guerra o del presidente Putin, e incluso desde alguna cadena de televisión se llamó a “asesinar más rusos”, algo que nuestra organización ha denunciado. Como ya dijimos, “no es cuestión de un mero psicópata fascista (que hablar sin tener ninguna autoridad en el terreno militar) que ha salido de manera puntual en televisión. Es una xenofobia que se está promoviendo de manera sistemática”.

Una de las figuras que se han sumado a esta campaña de rusofobia es Lech Walesa, líder de la federación sindical polaca Solidarnosc (“Solidaridad”), que en tiempos de la Guerra Fría combatió contra la Polonia Popular y que, posteriormente, se convirtió en presidente de Polonia tras la caída del socialismo. Este exlíder político ha declarado recientemente que “aunque Ucrania gane esta guerra, en cinco años tendremos lo mismo, en diez años veremos a otro Putin alzarse”, por lo que propone como solución cambiar el sistema político vigente en Rusia o “se vuelve a una población de menos de 50 millones”. En otras palabras, Lech Walesa propone un exterminio de la población rusa, que hoy cuenta con 144,1 millones de habitantes.

Para los que vienen siguiendo el activismo de Walesa contra el socialismo y a favor del capitalismo más salvaje, estas declaraciones no nos deben extrañar: Lech Walesa es nieto de un soldado admirador del mariscal Pilsudski, líder polaco que llegó a ejercer el poder de manera dictatorial en Polonia asesinando a diferentes militantes de izquierdas y luchadores por la democracia, al mismo tiempo que beneficiaba a los terratenientes que financiaban la guerra contra la Rusia Soviética. Es este mismo dictador al que Lech Walesa, siendo presidente de Polonia, homenajeó calificándole de “héroe nacional” y al que se le dedicó estatuas y nombres de calles y plazas, destacando la Plaza Pilsudski en Varsovia, capital del país, que bajo la Polonia Popular recibía el nombre de Plaza de la Victoria.

La fundación de Solidarnosc, lejos de buscar mejoras laborales para la clase obrera y campesina de Polonia, tenía como propósito el derrumbe del sistema de democracia popular en el país, la expropiación de la economía colectiva y la restauración del capitalismo, para lo cual, obviamente, debían expulsar del poder a los comunistas y a sus aliados de izquierda. Por este motivo, Solidarnosc contó con el apoyo y financiamiento de la CIA y del Vaticano, así como de magnates como George Soros. En su empeño por cumplir con su misión, los miembros de Solidarnosc no dudaban en acosar y agredir a los obreros que simpatizaran con las ideas socialistas en los astilleros de Gdansk.

Teniendo en cuenta esto, no debe sorprendernos que antiguos miembros de Solidarnosc, como el eurodiputado polaco Janusz Korwin-Mikke, realizara durante su intervención en el Parlamento Europeo el saludo nazi en 2015. Siguiendo con Lech Walesa, este se convirtió en el primer presidente tras el fin de la Polonia Popular, destruyendo todos los logros sociales que se habían logrado bajo este sistema: su gobierno privatizó unas 600 empresas públicas y ordenó el despido de los huelguistas del sector del automóvil en 1993. Mientras que en la Polonia Popular se había erradicado el desempleo, entre 1990 y 1992 el gobierno de Lech Walesa despidió a 3.000 trabajadores al día de promedio. De esta manera, el desempleo pasó del 1% al 16% durante su presidencia. Con estos resultados no fue difícil que encontrara la admiración de personajes siniestros como Margaret Thatcher o José María Aznar, así como VOX adoptara el nombre de Solidaridad para su sindicato patronal.

Los retrocesos de las políticas de Lech Walesa no se limitaron al campo económico: durante su presidencia fue ilegalizado el aborto (legal bajo la Polonia Popular) algo que se ha endurecido recientemente en el país. De igual manera, se fomenta la introducción de los “valores cristianos” en la educación, eliminando la educación laica que recibían los niños y adolescentes bajo la democracia popular. No en vano el Vaticano les había ofrecido su apoyo y financiamiento. En 2013, ante la presencia de una persona transexual y otra homosexual como diputados en el parlamento polaco, llegó a declarar que los diputados homosexuales deberían sentarse en la última fila de los escaños parlamentarios, e incluso fuera del parlamento.

Cuando Polonia ingresó en la OTAN en 1999, contó con el beneplácito de Lech Walesa, y a día de hoy mantiene su postura y la apoya abiertamente contra Rusia: “Ahora hay dos sistemas: por un lado, las democracias y la OTAN, que quieren expandirse, pero por medios democráticos, exigiendo las decisiones del pueblo, por otro, lado Rusia y China, que recurren a los viejos métodos de anexión”.

¿Qué “medios democráticos”? ¿El Euromaidán fue un método democrático? ¿La ilegalización de, hasta la fecha, 16 partidos políticos lo es? ¿Lo fue la quema y asesinato de sindicalistas en su sede de Odessa? ¿O la detención de militantes comunistas o de los rusoparlantes? ¿Es democrático darle tanto poder a grupos paramilitares abiertamente nazis como el Batallón Azov o Pravy Sektor, entre otros?

Todo esto teniendo en cuenta que Lech Walesa es ciudadano de Polonia, una de las naciones europeas del momento donde se está fortaleciendo más la política reaccionaria contra sus ciudadanos, que apenas unos meses antes de esta nueva fase del conflicto reprimió de manera violenta a cerca de 2.000 migrantes que accedían al país desde Bielorrusia, al mismo tiempo que se presenta como campeona de los Derechos Humanos por acoger a refugiados ucranianos, y que, no olvidemos, es de los estados de la UE que más están presionando para llevar el actual conflicto con Rusia a un nivel mayor. Asimismo, no podemos olvidar que hasta el día de hoy, el periodista español Pablo González sigue detenido por el régimen polaco acusado de ser un espía de los rusos, sin que se hayan respetado sus derechos judiciales como ciudadano europeo, demostrando que los políticos burgueses se saltan sus propias reglas del juego cuando les interesa.

Desde el Partido Comunista Obrero Español (PCOE) condenamos la campaña de odio contra el pueblo ruso, manifestando de nuevo nuestro llamamiento a la paz entre pueblos y la guerra entre clases. De igual forma, condenamos la represión del Estado Polaco y de la Unión Europea por su hipocresía a la hora de tratar unos casos de migración (como el de los migrantes procedentes de Bielorrusia o el de los subsaharianos en la valla de Melilla) y por el cierre y/o censura de medios que ofrecen una realidad diferente a la de su discurso o la detención de periodistas como Pablo González.

 

¡PAZ ENTRE PUEBLOS, GUERRA ENTRE CLASES!

¡SOCIALISMO O BARBARIE!

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