El PCOE ante los acontecimientos de Egipto

En repetidos informes hemos expuesto que la internacionalización moderna del capital creaba una contradicción que al tiempo podría costarle al imperialismo un serio revés por las dificultades que supondría su…

En repetidos informes hemos expuesto que la internacionalización moderna del capital creaba una contradicción que al tiempo podría costarle al imperialismo un serio revés por las dificultades que supondría su solución. Nos referíamos a las deslocalizaciones estratégicas, en virtud de las cuales las empresas multinacionales se desplazan desde un país hacia otro persiguiendo posicionamientos políticos. Ocurría con especial significación con los antiguos países socialistas, antes de que estos pudiesen organizar empresas capitalistas competitivas y les cerraran el paso a las multinacionales occidentales, pero principalmente tenían el propósito de incidir en la política de sus gobiernos al estrangular económicamente a los Estados vía apetitosos préstamos e inversiones, con vistas a tener la producción controlada desde sus influyentes industrias. Decíamos también, que al olor de la fuerza de trabajo ultra barata, abrían plantas en países tercermundistas y emergentes y por último, observábamos que la aparición en varios lugares del planeta de fuentes productivas con precios de saldos, atraían a inversores e importadores, los cuales acudían al encuentro de una rentabilidad holgada y fácil, a costa de explotar hasta lo impensable a los trabajadores autóctonos y de cerrar empresas en sus países de origen que fabricaban las mismas mercancías con costes más elevados.

 

Los efectos inmediatos consistieron en que esta serie de países en su conjunto iban adquiriendo cada día mayor protagonismo en la producción bruta mundial, llegando a superar el 55% del total, mientras descendía en los países imperialistas que hasta entonces doblegaban el mercado internacional por el volumen de los artículos elaborados en sus casas. Paralelamente, el paro causaba estragos en los países del llamado “capitalismo desarrollado”, en tanto se incrementaba en los pueblos neocolonizados el proletariado industrial con salarios exiguos, fruto de una inconmensurable explotación. 

 El curso del desarrollo de estas secuencias imponía una gran contradicción a los imperios, la dispersión de sus medios de producción por todo el mundo, provocando el riesgo de que, en un contratiempo, fuese sustituido algún que otro gobierno títere por otro no tan favorable a los intereses imperiales y aunque afirmábamos que dichas circunstancias podrían venir de un acto electoral adverso, es lógico pensar que cualquier otro suceso convulsivo importante conduciría al mismo sitio, como corresponde a la crisis actual.

 Es preciso dar el valor que tiene todo lo anterior en su justa medida para así poder interpretar fielmente las características y trascendencias de los vericuetos de la situación mundial contemporánea. Por ejemplo, en las revueltas y manifestaciones que tienen lugar en Túnez, Egipto, Argelia, Jordania… están presentes las precariedades de estos pueblos, resultados insoportables de las políticas económicas imperialistas, cristalizadas en deslocalizaciones, préstamos e inversiones interesadas y usureras, cuyos efectos se han exacerbado a tenor de las medidas anticrisis de sus respectivos gobiernos, que han desembocado en altas tasas de desempleo acompañadas de la miseria generalizada.

 Al leer la prensa burguesa, sin ningún otro referente alternativo, es posible caer en la trampa de la manipulación y deducir, entre otras conclusiones erróneas, que los levantamientos populares han brotado de pronto, sin sentido alguno o que han sido patrocinados por los propios imperios.

 

Mas no es así, y los imperios comienzan a ponerse nerviosos. Está en juego nada más y nada menos que la correlación de fuerzas en Oriente Medio y con ella su dominio mundial y el ahondamiento de la crisis. En este sentido, Egipto cobra la mayor actualidad por su importancia geoestratégica y porque puede provocar un nuevo ciclo en la crisis mundial, que repercutiría económicamente con extrema dureza y suma gravedad en Europa. También está en peligro el estatus de la zona, pues debido a la desaparición del campo del socialismo, que recordemos que era el principal mercado para los egipcios, el país se convirtió rápidamente en un protegido de los EE.UU. Concretamente, durante los años 1994 y 2004, el gobierno egipcio recibió ayudas valoradas en unos 2000 millones de dólares al año. Tras Israel, dichas ayudas le valieron a Mubarak para adquirir una especial presencia política en la zona, desempeñando hasta ahora el punto de “equilibrio” o de incisión en Oriente Medio, por donde penetran las decisiones EE.UU-UE-Israel. En otras palabras: Egipto ha sido un agente militar proisraelí en  la zona, en defensa de la estrategia imperialista.

 Últimamente las inversiones efectuadas por los países miembros de la UE en Egipto son considerables: Inglaterra cubre 7.807 millones de euros y Francia 12.876 millones de euros. Entre las dos corren con el 57,2% de la financiación de un total que alcanza los 36.093 millones de euros. EE.UU., España, Italia y otros aportan el resto. El peligro de un retroceso en las maltrechas economías europeas es muy alto de verificarse un cambio radical en la política del nuevo gobierno que surja del conflicto en ciernes. Con semejante volumen de inversión, que representa dependencia y beneficio a favor de los estados europeos y yanqui, “obliga” a estos una vez levantado el pueblo a intentar por cualquier medio canalizar la senda de los cambios para que todo quede inalterado; cambiar todo para que nada cambie. Es oportuno subrayar que el Canal de Suez constituye una ruta de primer orden por donde transitan superpetroleros que suministran el crudo a las grandes potencias de la UE. Un posible freno en la circulación de tan noble mercancía acarrearía consecuencias incalculables debido a que una modificación del trayecto estaría condicionada por una opción más larga y naturalmente más costosa.

Un temor muy fundado perturba los cerebros pensantes de Europa y Estados Unidos. Si los acontecimientos en Egipto desembocaran en la construcción de un régimen independiente a modo iraní, se produciría un contagio en gran parte del mundo árabe que inquietaría a la hasta ahora segura Israel, potenciaría la situación de Irán en el mundo y daría un jalón en la correlación de fuerzas entre los países independientes y los imperios, configurando un escenario propicio para la lucha por el socialismo internacional.

 Las espadas están en alto, por lo que es predecible que EE.UU y Europa prestarán la máxima atención a lo que suceda en la zona, pues no debemos olvidar que también Túnez, en donde el pueblo se ha alzado contra un designio catastrófico producido adrede, existen  alrededor de 3500 empresas extranjeras,  en su mayoría europeas, entre las cuales hay 50 españolas, algo más de 700 italianas, 277 alemanas, otras tantas belgas y 90 británicas… Pero es Francia también, la que contraería el mayor riesgo por los efectos de una posible revolución antiimperialista dado que mantiene en torno a 1250 empresas en distintos sectores como el bancario (BNP), agroalimentario (Danone y Carrefour), hidrocarburos (destacado especialmente), etc.

 Cabe esperar todo tipo de manejos por parte de los imperios a través de ayudas económicas. Ya el FMI ha mostrado su disposición a intervenir, urdiendo tretas que los muestren salvadores de la situación y adalides de la democracia, tal es la jugada pergeñada en torno a la dubitativa postura de Murabak. Tanto si éste continuaba con su empecinamiento de mantenerse en el poder, como si por presión popular se veía forzado a marcharse, tal cual ha sucedido, EE.UU.  tenía preparado ya su discurso de no ingerencia, cuando en realidad era quien decidía la salida que habría de tomar el dictador, su antiguo y fiel aliado, según se daban los acontecimiento en las calles.

 Por ahora, los pueblos hacen ostentación de la fuerza que le proporciona estar hartos de servir de esclavos para favorecer intereses no nacionales. Todo dependerá de los dirigentes populares, de su orientación ideológica y política. Porque no cabe duda de que ni EE.UU ni Europa renunciarán a su dominio, aunque para ello tenga, que emplear una vez más la guerra para reafirmarse.

 El PCOE denuncia la falsedad del imperialismo, que bajo la hipócrita consigna de mantenerse al margen y de desear que los pueblos “decidan su destino que debe ser pacífico y democrático”, presionan con todo tipo de artimañas para que todo quede como estaba.

FUERA LAS MANOS IMPERIALISTAS DE ORIENTE MEDIO

 SOLIDARIDAD CON LOS PUEBLOS QUE LUCHAN POR SU DESTINO

 

PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL

 

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