El imperialismo es inviable, solo puede ofrecer guerra y muerte

Cuando detonó la crisis de las subprime en 2008 y se pinchó la burbuja financiera, burbuja creada por la sobrevaloración de activos inmobiliarios que creó los denominados activos tóxicos, los…
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Cuando detonó la crisis de las subprime en 2008 y se pinchó la burbuja financiera, burbuja creada por la sobrevaloración de activos inmobiliarios que creó los denominados activos tóxicos, los cuales se tragaron los Estados para salvar a la banca, los dirigentes capitalistas de la época, como el corrupto Sarkozy señalaban que había  “que refundar el capitalismo sobre bases éticas” – y lo decía un tipo que ha sido condenado por corrupción y tráfico de influencias – , o el mismo Sarkozy y el criminal Bush definían como reformaban “el capitalismo mundial” para evitar un crash financiero como el que se produjo, consecuencia de las políticas económicas de saqueo y putrefacción impuestas por el capital financiero.

El incremento bestial del precio de la vivienda durante final de la década de los 90s del siglo pasado y los años que llevamos del presente siglo a nivel mundial – y que en España el fascista Aznar denominó “milagro económico español”-, en lo que era una estafa contra la clase obrera vendiéndose la vivienda a un precio que incrementaba en múltiples veces su valor, hizo que los bancos otorgaran créditos y préstamos por cantidades elevadas con garantías por un valor inferior, préstamos otorgados con baja garantía de retorno, de tal manera que el dinero se evaporó – a la par que los paraísos fiscales se hinchaban – produciéndose una crisis mundial de liquidez. Millones de seres humanos perdieron los empleos, perdieron sus viviendas, los bancos tenían multitud de deudas impagadas – activos tóxicos – y puesto que el dinero fue invertido, sin más criterio que la obtención de la máxima rentabilidad, el sistema financiero contempló como proliferaban los activos tóxicos al igual que la falta de liquidez del mismo.

Las medidas que adoptaron para “solucionar” la crisis de 2008 fue la de los rescates bancarios, las fusiones bancarias, compra de deuda pública por parte de los bancos centrales para que los Estados salvasen a sus bancos, de tal manera que la enorme deuda bancaria pasara a ser deuda pública de los diferentes Estados que se multiplicó. Se impusieron unos tipos de interés entre los Bancos Centrales ínfimos, al objeto de incrementar el dinero en circulación, o lo que es lo mismo, creando dinero ficticio.

Las consecuencias de las medidas adoptadas por las agrupaciones imperialistas y los Bancos Centrales son las que nos conducen a la insostenible situación económica actual. El 10 de abril de 2021, el profesor de Economía y Asuntos Internacionales de la Universidad de Princeton, el estadounidense Paul Krugman, señalaba en el diario El País que “la evasión de impuestos es un problema global: el FMI cree que el 40% de toda la inversión extranjera directa es ficticia”. Es evidente que, reconocido incluso por organismos y economistas que defienden el sistema capitalista, este se sustenta en el engaño y la farsa, siendo una monumental estafa y, consecuentemente, nos hallamos ante un sistema inviable y fallido. El dinero “barato”, por no decir que sin valor alguno, y ficticio, ha sido la receta económica de los capitalistas para parchear al sistema, totalmente moribundo, durante estas dos décadas.

Caída la Unión Soviética, desde la segunda mitad de la década de los 90s del siglo pasado, las potencias imperialistas hegemónicas, fundamentalmente EEUU y también la UE, aceleraron lo que algunos denominan globalización y otros deslocalización de la producción, al objeto de maximizar la obtención de plusvalía, desplazando el eje de la producción mundial hacia oriente, hacia Asia y fundamentalmente hacia China. Consecuencia de ello, en China se instalaron la mayor parte de las factorías donde se desarrollaba la producción de los monopolios, la mayor tecnología mundial, se desarrollaron las fuerzas productivas convirtiéndose en una potencia mundial al igual que China fue adaptando su superestructura a los cambios operados en la estructura convirtiéndose en una potencia imperialista.

Fundamentalmente China, desde hace décadas, denuncia que las instituciones imperialistas, las instituciones que conforman el Sistema Financiero Mundial, y desde donde se dirige el mundo, implementando la dictadura de los monopolios a nivel planetario, no atienden a criterios “democráticos” de tal manera que no se tiene en consideración la población de las potencias así como su PIB en esos centros de poder, de tal modo que hay potencias imperialistas con mucha menos población y PIB que tienen mayor capacidad de decisión, de poder. Así, por ejemplo, EEUU tiene 5 veces menos población que China y, según dicen los mismos imperialistas como por ejemplo Bloomberg, la riqueza China ascendió en 2020 a los 106 billones de euros por los casi 80 billones de euros de los EEUU pero, aún con esos guarismos, EEUU tiene casi 5 veces más peso a la hora de decidir, de votar, que China en las estructuras imperialistas como, por el ejemplo, el Banco Mundial.

Desde hace años, China, y también las potencias BRICS, han ido tejiendo estructuras económicas, instrumentos financieros, para alumbrar un nuevo Sistema Financiero Mundial donde el papel hegemónico recaiga sobre China. Es ahí donde debe ubicarse la creación del New Development Bank (NDB) o Banco de los BRICS en julio de 2015; la creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB) creado en diciembre de 2015 donde son miembros estados asiáticos, latinoamericanos y europeos y está excluido EEUU, así como que en octubre de 2016 el yuan fuera convertido en divisa global al ser incorporada al grupo de monedas con Derechos Especiales de Giro (SDR) por parte del FMI en octubre de 2016. FMI donde el peso de los países BRICS también ha crecido, aunque ese crecimiento sea insuficiente para sus aspiraciones de convertirse en las potencias hegemónicas.

Los EEUU se sostienen por la vía del militarismo, una deuda pública que supera los 30 billones de dólares (y que es impagable), y creando dinero ficticio en cantidades industriales. En abril de 2008 el número de dólares existentes en el mundo ascendía a la cuantía de 830.000 millones, cifra que en el año 2020 rozaba los 5 billones, de tal modo que el 22% de los dólares existentes hoy fueron impresos en el año 2020 con lo que, en realidad, el valor del dólar es ínfimo y totalmente ficticio. Sin duda alguna EEUU es una potencia quebrada, pero su quiebra no solo es la quiebra de la potencia que pretende mantener su hegemonía en bancarrota, sino que es la quiebra del imperialismo en tanto que la economía está totalmente entrelazada.

China y sus aliados pretenden salvarse de la bancarrota a la que el imperialismo ha arrojado al mundo, y hacer efectiva su hegemonía económica, apuntillando el sistema financiero y al dólar como divisa de reserva mundial, levantando un sistema financiero nuevo con otra divisa sustentada en el oro que despoje al dólar como moneda de reserva.

Pero por más esfuerzos que hagan todos ellos, el imperialismo está agotado. La política monetaria de EEUU ha desbocado la inflación a nivel mundial. El agotamiento de los recursos energéticos fósiles, advertido ya por múltiples informes realizados, cifraba en el año 2020 el punto de inflexión hacia una gran escasez de estos recursos de energía primaria y gas, incrementándose notablemente el precio de la energía en el período 2020-2025. El choque entre la demanda y la oferta, donde la primera es superior a la segunda, ya en combustibles líquidos, y se prevé que a lo largo de esta década también suceda con el gas, el carbón, etcétera, está escenificando una ruptura que empuja, todavía más, a las potencias imperialistas a la guerra. Y es que la energía eólica y solar no serán capaces de invertir la situación de bancarrota energética – de mantenerse la irracionalidad y la anarquía económica impuesta por los monopolios – según estudios de físicos e ingenieros, hasta el año 2050. Este hecho, unido al deshielo de los polos, y concretamente del polo norte, abrirá nuevas rutas marítimas cuyo dominio es otro foco de lucha abierta, y en este caso además directa, entre las potencias imperialistas.

A todo ello hay que añadir lo fundamental, la competencia interimperialista les ha hecho a todos ellos echarse en brazos de la automatización y la robotización, al objeto de tratar de producir a más bajo coste que el otro y robarse entre sí los mercados. Sin embargo, la automatización y la robotización lo que hace es negar el capitalismo, es desequilibrar completamente la composición orgánica del capital en favor del capital constante, tratando de minimizar al máximo el capital variable que es la parte que genera la plusvalía. Es decir, con el desarrollo de la automatización de la producción los monopolios no solo reducen la obtención de plusvalía, con lo que sus beneficios caerán todavía más, sino que empujarán a millones de seres humanos al paro forzoso y a la miseria.

Y cuando el imperialismo está en bancarrota y en el grado de descomposición que se halla, la guerra abierta y el fascismo son la única salida que tiene. Hoy el imperialismo necesita destruir y eliminar a una parte de la humanidad para subsistir, al igual que los imperialistas necesitan ya enfrentarse de manera más directa y más abierta para robarse directamente los unos a los otros, están condenados al canibalismo entre ellos y, de esta manera, están conduciendo a la humanidad a la barbarie, a la guerra mundial.

Lo que acontece hoy entre Ucrania y Rusia, un conflicto militar donde EEUU y la UE son en gran medida responsables de dicho enfrentamiento, es la salida que tiene EEUU, en decadencia absoluta, para tratar de mantener su hegemonía. EEUU busca que sus enemigos se deterioren en guerras donde esa potencia, la más asesina que ha parido la historia, no participe directamente y sus enemigos se erosionen lo máximo posible para, por un lado, dañar lo más posible económicamente a sus enemigos y, por otro, debilitarlos militarmente cuando esa potencia asesina entre en escena. Es por ello que EEUU, y sus subalternos como la UE, deseen fervientemente que la guerra entre Rusia y Ucrania sea lo más larga posible y deteriore lo máximo a Rusia, siendo plenamente consciente del sacrificio de vidas humanas lo cual, a EEUU y la UE, les importa bien poco, nada.

Esto es lo único que puede ofertar el imperialismo, el capitalismo monopolista: Putrefacción, destrucción, guerra, pobreza y muerte. La única salida que tiene la humanidad es acabar con el capitalismo, es armonizar el desarrollo de las fuerzas productivas con las relaciones de producción, es armonizar el desarrollo humano con las necesidades reales de la humanidad, es planificar la economía para cubrir las necesidades del conjunto de seres humanos que habitan el mundo y garantizar una vida digna para todos ellos en concordia con la naturaleza, acabando con la anarquía de la producción existente cuya única finalidad es que una minoría mafiosa, los monopolios, se forren a costa de los trabajadores de todo el mundo. La única salida que tiene la humanidad es acabar con el capitalismo, con su prehistoria de salvajismo y barbarie y construir el socialismo como paso previo al comunismo que abra una nueva fase histórica donde la explotación capitalista sea enviada al estercolero de la historia junto con el capitalismo y la burguesía, y donde la humanidad sea capaz de escribir de manera consciente su historia siendo la humanidad dueña y soberana de su destino.

 

¡SOLO LA CLASE OBRERA PUEDE ACABAR CON LA GUERRA, CON EL CAPITALISMO!

¡PROLETARIOS DEL MUNDO, UNÍOS Y LEVANTAOS CONTRA VUESTROS ESTADOS CAPITALISTAS!

¡SOCIALISMO O BARBARIE!

 

Madrid, 24 de marzo de 2022

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)

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